Podría ser cualquier lugar

Bruselas, coincidencias literarias

Podría ser cualquier lugar, pero mientras vuelvo de recorrer la línea 92 desde Fort Jaco hasta casa voy terminando un pequeño cuento llamado “La tragedia de un personaje”.

Pirandello, como es sabido, tiene una relación muy fluida con los seres que habitan su imaginación. Y, en ese relato concretamente, cuenta cómo acostumbra a conceder audiencia a los personajes de sus relatos futuros.

Una mañana da audiencia al doctor Fileno. Un ser interesantísimo que, a fuerza de “leer, del alba al ocaso, libros de historia, y en ver en la historia también el presente” había conseguido un método para librarse “de toda pena y de toda contrariedad” y “sin necesidad de morir, había encontrado la paz”. Con su sistema “se había hecho un telescopio invertido. Lo destapaba, pero no para ponerse a mirar hacia el porvenir, donde sabía que no habría visto nada: persuadía a su alma de que se contentase con mirar por la lente más grande, a través de la pequeña, dirigida al presente; de manera que todas las cosas se le aparecieran enseguida pequeñas y lejanas. Y llevaba varios años dedicado a la composición de un libro que sin duda iba a hacer época: La filosofía de lo lejano”.

Pirandello está enamorado de ese personaje. Cuando el doctor se le presenta ese domingo en su estudio, para pedirle que escriba una historia con él, Pirandello no sabe qué hacer. Tiene un conflicto moral, porque, aunque le parece que su historia es magnífica, existe un enorme problema. Y es que el doctor Fileno no es un personaje salido de su propia imaginación. Lo encontró durante la lectura de un libro pésimo, escrito por un autor “necio”, que no fue capaz de extraer el potencial que el personaje tenía.

Pirandello, convertido en personaje a través de Pirandello, discute con Fileno, convertido en persona en el mismo proceso. La tensión crece entre los dos entre el escrúpulo del uno y la tragedia del otro, víctima, tal vez por siempre, de un escritor incompetente. Un “imbécil” del que el doctor dice que “¡Ni nombre ha sabido darme!”. Finalmente, por brillantes argumentaciones que descubrirá quien lea el cuento, Pirandello se niega a escribir sobre él y lo despacha.

Termino el libro dos paradas antes de llegar a la estación y me quedo pensando en él tal vez unos minutos.

Pero lo que no sospecho es que esa tarde, esa misma tarde, vaya a encontrar a Jean Tourreau en “La peste”.

Unos treinta años después, Camus presenta al personaje como un hombre “afable, siempre sonriente”. Además, está escribiendo un libro. Una crónica de lo que sucede en la ciudad de Orán y del que sus apuntes “constituyen también una especie de crónica de este período difícil… una crónica muy particular, que parece obedecer a un plan preconcebido de insignificancia”. Y, lo que es más importante, que “se las ingeniaba para contemplar las cosas y los seres con los gemelos al revés”.

Un tipo listo este Fileno. Al final se salió con la suya. Varias veces.


7 comentarios en “Podría ser cualquier lugar

    1. No había oído lo de Twain, al menos de esa forma. Pero estoy pensado que tendría cierto sentido, incluso biológico. Seguramente, el cuerpo empiece a segregar endorfinas a chorro y la cabeza te duela menos… Eso sí, mejor que haga otro la prueba. Yo tiraré de ibuprofeno. ;)

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