La seriedad del juego (2 de 2)

Pero cuidado, porque en esto el lenguaje es engañoso, y junto a todos los juegos que comentaba el otro día, los que son creativos y en los que todo cabe y es posible, hay otros tipos.

Y ocupan mucho.

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No he encontrado ninguna clasificación o nomenclatura al respecto. Así que dejad que llame “Juegos Abiertos” a aquellos que no tienen un objetivo más allá de la experimentación y el disfrute y “Juegos Cerrados” a los que tienen que ver con ganar y perder. El nombre tienen que ver con que sus características son mucho más restrictivas (tomo prestado a Bernard Suits y su libro “The Grasshopper”):

  • Objetivo pre-lúdico: Es decir, los juegos parten de objetivo. Meter el balón en una portería. Dar jaque mate. Sumar ocho amarracos.
  • Medios Lúdicos o Reglas Constitutivas: Hay una serie de normas que hay que cumplir, unos acuerdos entre los participantes sobre cómo han de hacerse las cosas. El balón no se puede tocar normalmente con la mano. Los peones se mueven así y los alfiles asao. En la primera mano es mus corrido y sin señas.
  • Actitud Lúdica: La forma en la que voluntariamente aceptamos cumplir con esas normas y reglas que hacen las cosas, en general, más difíciles en lugar de más fáciles. Por ejemplo, no entrar en la portería con el balón metido bajo la camiseta. No hacer cinco movimientos seguidos con las negras, porque así ganamos. No coger nueve cartas en vez de cuatro. Pero no hacer ninguna de esas cosas no porque no podamos, sino porque no queremos. Porque nuestra actitud hacia el juego es ésa y queremos tener más obstáculos de los que “realmente” existen.

Y ahí están la mayoría de los juegos de los que participamos (activamente o como espectadores) en nuestra vida adulta. Hay reglas, hay objetivos, hay competición y puede haber colaboración… Muchas cosas interesantes, sin duda. Pero que ya no tienen que ver con esa gratuidad, con ese “jugar por jugar” del que hablaba. Se pierden, en cierta medida, la seguridad y la libertad para la experimentación. Con lo que la creatividad pasa a un segundo plano. Porque, sin duda, se puede ser muy creativo jugando a fútbol. Pero ¿qué se suele preferir, perder creando o ganar repitiendo?

El caso es que estos juegos tienen una gran importancia social. Huizinga, al que mencioné en la anterior entrada, llega a decir que el juego es previo y condición necesaria (no suficiente) para la generación de la cultura. Casi nada al aparato. Visto así, tiene todo el sentido que, desde hace un tiempo, se esté poniendo muy de moda ese concepto al que llaman Gamificación (wiki):

El uso del pensamiento y la mecánica de jugabilidad en contextos ajenos a los juegos, con el fin de que las personas adopten cierto comportamiento. La gamificación sirve para hacer un ámbito de aplicación más atractivo y, mediante el fomento de los comportamientos deseados, aprovecharse de la predisposición psicológica de los seres humanos para participar en juegos“.

O la explicación rápida: esas aplicaciones para el móvil que te dan puntos y medallas por salir a correr, o por dejar de fumar y cosas de esas. Una técnica que parece muy efectiva e interesante, desde luego. (Si os portáis muy bien, os comento dónde hay un curso online de la Universidad de Standford sobre el tema).

Como tantas otras técnicas, la gamificación no es  ni buena ni mala por sí misma. Moralmente neutra. Porque, aunque sí puede haber gente con muy buenas intenciones (y qué pereza me da cada vez que alguien cree que ha encontrado la piedra filosofal) también creo que se puede hacer un mal uso de la gamificación -al margen, de un buen o mal ejercicio de la técnica, por supuesto, pero en eso ya no entro-.

¿Y por qué?

Pues porque se rompen las condiciones naturales del juego. Huizinga llama “Círculo Mágico” al espacio en el que se desarrolla el juego. Y tiene unas fronteras muy claras en cuanto al lugar y al tiempo que dura. Y advierte que, si no está diferenciado de la vida real, no es un juego. Sinceramente creo que la gamificación hace mucho más difusas esas fronteras. Sin querer ponerme demasiado dramático, ¿no es verdad que cuando “lo que está en juego” es, por ejemplo, tu forma física o tu adicción al tabaco, no empieza a ser dudoso dónde termina el juego y dónde comienza tu vida?

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/funky64/2830519226/">Funky64 (www.lucarossato.com)</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/">cc</a>

Y no hay que engañarse, cuando dejamos a un juego adquirir ese poder puede convertirse en una trampa. Y las trampas -o las servidumbres- que acechan en los juegos se llaman apuestas. Porque nada tiene menos que ver con “jugar” –a los Juegos Abiertos que comentaba el otro día– que ese comportamiento al que llamamos “jugársela”.

Cuando se apuesta, el juego tiene implicaciones en la realidad de alguien mucho más allá de las “lecciones aprendidas”. No quiero decir con eso que haya que censurar las apuestas.  Lo que sí digo, es que no son un juego. Un juego abierto, al menos. Porque es minoritario pero cierto que el póquer puede dejarte en la miseria y perseguido por la mafia.  Que una afición desmedida por el deporte puede ser  una apuesta emocional muy arriesgada. Y es que una cosa es jugar al fútbol, otra sería “jugar a ver el fútbol” y otra muy distinta es jugársela con el fútbol.

Porque, como dirían los Alan Parsons’, el juego nunca termina cuando todo tu mundo depende de la aparición de una carta amiga:

Aunque, la verdad, no sé hasta qué punto estoy legitimado para hablar de esto…

Ya me lo advirtieron una vez: juegas demasiado.

6 comentarios en “La seriedad del juego (2 de 2)

  1. yo te animo a seguir jugando, en su acepción puramente infantil, -siento ir a contracorriente- . Ese juego es el interesante; aquel del cual no tienes ninguna pista de a dónde puede conducirte.
    Bien traidos como broche de cierre los Alan Parsons.. y gracias por el Post, con un planteamiento q lleva a muchas reflexiones.

    1. El otro día me comentaba un amigo que en inglés diferencian entre el “play” de los “juegos abiertos” (y de las obras de teatro, ya que estamos) y el “game” los “juegos cerrados”. En castellano es la misma palabra. Matices que perdemos…

      Me alegro que te haya gustado. La verdad es que a mí me sirvió para pensar mucho el escribirlo… ;)

    1. Supongo que la teoría del equilibrio de Nash sólo es aplicable a juegos cerrados. Los juegos abiertos están libres de objetivos predefinidos, competencia, ganancias y pérdidas y ese tipo de cosas.

      En cuanto a los juegos cerrados, creo que la aplicación es directa. A lo que llamo “juegos cerrados” es totalmente el campo de la “teoría de los juegos”. Nada nuevo bajo el sol. ;)

      Por cierto, que me hables de Nash me trae de nuevo a la memoria un documental muy chulo que vi una vez. Igual te interesa: https://luistarrafeta.com/2011/07/15/la-trampa-por-adam-curtis/

      PD: Por cierto, para contestar a esto me tenido que pasar por la wikipedia, maldita! ;)

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