Cómo acabar de una vez por todas con los recitales de poesía – II – Alternativas

Comentábamos el otro día (y vaya que si comentábamos) que les encontraba bastantes problemas a los recitales de poesía tal y como se suelen llevar a cabo habitualmente. Pero claro, diagnosticar el problema suele ser más fácil que resolverlo. Así que ¿qué alternativas reales pueden existir para quien está de acuerdo con lo que he dicho y, a pesar de todo, quiere compartirla así?

Si aceptamos que el valor más esencial que tiene la poesía es hablarnos desde nuestra voz más interna, al llevarla un escenario, es necesario un esfuerzo de traducción entre lenguajes artísticos para que siga siendo así. Utilizar los recursos del arte escénica para lograr ese efecto no es nada evidente. Como en todo cambio de idioma, no basta con “volcar” un contenido. Es también necesario traducir, interpretar. Algo que requiere un dominio mínimo de ambos lenguajes. Lo contrario sería como ir al cine para ver una grabación de páginas de cómic.

¿Y cómo se puede conseguir eso? Alternativas hay muchas. Y reconozco que no alcanzo, ni pretendo, hacer un recorrido por todas ellas. Pero sí que me doy por satisfecho si consigo alimentar la reflexión y desbloquear caminos nuevos para aquellos que siguen intentándolo. Algunas me parecen más sencillas de llevar a cabo que otras, pero creo que se pueden cometer mejores errores a partir de éstas:

    • Una bastante evidente es la de convertir el recital en una charla. Hacer presentaciones independientes para cada poema, por separado, con tal vez un poco de contexto y explicación del proceso creativo o momento vital que los originó. Esto se hace cada vez más. Y es bien.
    • Lo que no se suele hacer tanto es dar la opción de que la gente lea. Sobretitulando los textos, proyectándolos en la pared del fondo o, sencillamente, repartiéndolos en papel.
    • Y ya puestos, ¿por qué no dedicarle una sesión completa a cinco, a tres poemas? ¿O a uno solo? ¿Por qué no leerlos varias veces, de maneras distintas, utilizando diferentes recursos y matices?
    • En lo que se refiere al uso de la voz creo que es muy importante trabajar de maneras imprevistas. Subir la intensidad recitativa cuando sube la intensidad del mensaje del texto y bajarla cuando baja es redundante. Pero, ¿qué le lleva a alguien decir “me miro los zapatos y están sucios” con desesperación para añadir más tarde un “ojalá muriera mi madre” con indiferencia? Ahí está ocurriendo algo más.
    • Ya puestos, ¿por qué no, experimentar con todos los recursos de las artes escénicas? Lo ideal sería crear tensiones o “efectos en V” entre ellos. Hay quien utiliza imagen, vídeo, música e incluso danza*. Algunas con muy buenos resultados. Como siempre, el éxito estará en tener un nivel de control suficiente de cada uno de los recursos y tomar las decisiones adecuadas para producir el “efecto” buscado con algunos de ellos. Es decir, contar con las condiciones de la sala, su luz, su disposición, sonoridad, y cualquier elemento que podamos llevar con nosotros. Aprender a hacerlo bien puede ser trabajo para una vida o no, según la ambición de cada cual.

photo credit: Pulpolux !!! via photopin cc

Pero quizá sea todo mucho más sencillo.

Quizá la alternativa más razonable sea evitar cometer los errores más evidentes. Y para eso me traigo a Leonard Cohen que dio unas, considero, muy buenas pautas al respecto en su “Cómo decir poesía“. Por ejemplo:

 “Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Todos sabemos que sufres. No puedes contarle al público todo lo que sabes del amor en cada verso de amor que digas. Hazte a un lado: la gente sabrá lo que tú sabes porque ya lo sabía. No tienes nada que enseñarles. No eres más hermoso que ellos. Ni más sabio. No les grites. No fuerces una entrada en seco.”

“Evita las fiorituras”

“La valentía de la interpretación es decirlos. La disciplina de la interpretación es no violarlos.”

“Piensa en las palabras como ciencia, no como arte. Son un informe. Es como si dieras una conferencia en la Federación de Montañismo. Las personas que te escuchan conocen todos los riesgos de la escalada, y te honran dando por sentado que lo sabes. Si se los pasas por la cara, estás insultando la hospitalidad que te ofrecen. Infórmales de la altitud de la montaña, describe el equipo que utilizaste, especifica el tipo de superficie y fija el tiempo que duró la escalada. No busques dejar al público boquiabierto. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos, sino a la suya. Tu mérito estará en la estadística y no en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en los datos y en la tranquila organización de tu presencia”.

Si Leonard tiene razón, entonces quizá sea sencillo conseguir esa identificación del público. Hacer efectiva la comunicación. Conseguir que tus versos sean los suyos**.

Alcanzar el punto que le hizo decir:

 “No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado. Tienes buen aspecto cuando estás cansado. Parece como si pudieras seguir y seguir sin parar. Y ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza.”

photo credit: Rh+ via photopin cc</a

**************

* A mí, por ejemplo, me gustaría poder montar algo en la línea de esto, mejor trabajado, con unos cuantos poemas.

** Eso que tan bien comenta  Ángel Talián, en su proyecto -que os recomiendo mucho- “Los versos más míos“:

“Esa sensación al leer que aquello que es leído habla tanto de uno que podría, o mejor dicho debería, ser suyo, haberlo escrito él, o mejor incluso, no debería, sino que aquello que es leído es más de uno que lo que uno escribe”.

 No es casualidad, por supuesto, que el nombre escogido para su página sea, precisamente, un verso de Miguel D’Ors, robando a su vez sus propios versos, escritos por otros, en un juego que podría no acabar jamás.

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5 comentarios en “Cómo acabar de una vez por todas con los recitales de poesía – II – Alternativas

    1. También supone más trabajo y, probablemente, requiera un aprendizaje. Pero claro, al final, el recital ¿para quién es?

      En algunas ocasiones, me he quedado con la sensación de que el poeta iba a darse un baño de ego, forzando al público a poner más de su parte para satisfacerse a sí mismo… Justamente al revés de como debería ser. Si tienes un público, lo honrado será esforzarse uno más para que disfruten los otros. ¿No es así?

      Pero he preferido no entrar demasiado en el tema del ego. Porque no me gusta decir cosas en las que el 100% de la gente está de acuerdo conmigo.

      …algo así como en aquel cuento de Benedetti. ;)

      http://www.lamaquinadeltiempo.com/contempo/benedetti.html

  1. Te iba responder más temprano y con más detalle, pero estaba cansado. Soy aún, hombre limitado.

    Entremos en el detalle pues. Creo en sí que englobas bien un principio de fuerza en cada una de tus soluciones, todas son medios de relectura, de reinterpretación (que viene de donde mismo). También reflexionar sobre la voz y la manera de expresarse, Cécile no es muy de poesía, pero me comenta que una cierta voz masculina de recital poético la indispone de antemano. Leo en eso algo que está expresado en tus entradas, que solo una precaria parte del arte de recitar se ha comunicado y el resto fracasó. Quién sabe por qué se perpetuan algunos vicios arbitrarios de lo que llamamos cultura, no alcanzo a entender si alguien gana en ello, si hay alguna evolución.

    Hay algo de práctica para iniciados en lo que es la lectura pública de poemas. Si con toda esa buena voluntad nada funciona, hay que rendirse a la evidencia: estamos acabados. Quisiera pensar que es posible traer a un común mortal, ignorante de la lírica y someterlo al placer de la declamación sin violencia. ¿Para cuándo será eso?

    Un par de detalles. La declamación pública no debe parecerse a la lectura íntima, eso vence su propósito; nos gusta el cine en lo personal pero en la sala de cine la compartimos y es otra cosa, así con la poesía. He ido solo a suficientes recitales para saber que uno no debería ir solo. El poema de repetir varias veces un poema o el leer varios siempre encontrará el mismo límite: no se puede ver la poesía en forma económica, meterlos en un círculo de evalución inmediata (en una noche de lecturas) es como tratarlos en fast-food.

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