El Chi, la energía y la sensación

– ¿Y la piedra esa verde?
– Tiene energía curativa.
– Aha… ¿y la roja?
– Su energía es del amor.
– ¿Y a cuanto sale el kilojulio de energía del amor?

Todavía no lo he hecho, no, cagüen. Pero cualquier día que esté dando una vuelta por esos puestos de artesanía o mercadillos sin más pretensiones, lo voy a acabar soltando. Me veo venir. No me caigo bien a mí mismo cuando hago estas cosas, pero es que el impulso es muy grande.

El caso es que el otro día lo andaba comentando con mi amigo con el que hablo de cosas raras (¿a que ya lo echabais de menos?) y me dijo: “¿Sabes lo que pasa? Que yo creo que esas cosas son un error de traducción. O, más bien, de asimilación de conceptos“.

Se me levantó una ceja, la verdad. Una cosa es que el mocete controle de karate y otra que me empiece a hablar de “las energías” con demasiada gratuidad. Pero la duda, en su caso, más que un beneficio es un derecho. Así que le dejé hablar. No entrecomillo porque no es citar. Pero tampoco puedo decir que le esté parafraseando del todo. En cualquier caso, con lo que me quedo de su discurso es más o menos esto:

Probablemente, como más fácil se puede entender es a través de las artes marciales. Imagina que hace mil años estás practicando Kung-fu en algún lugar remoto de oriente. Y el maestro que te lleva te dice que tienes que poner las piernas firmes y flexionadas, la espalda recta, la cadera en su sitio… ese tipo de cosas. Como son un pueblo más antiguo, con un lenguaje más primitivo, más metafórico y menos técnico, te pregunta “¿Sientes el chi en tu estómago? Pues tienes que proyectarlo hacia tu puño“.

Lo que está diciendo, lo que diría yo hoy, es: “¿Tienes esa sensación? Pues aprovéchala para ejecutar una buena cadena cinética” Porque es una sensación, no una energía en el sentido en que entendemos esa palabra aquí y ahora. Y cuando los occidentales se trajeron todos esos “principios milenarios” de oriente, los tradujeron como pudieron. Con la palabra, tal cual, y sin tener en cuenta otros matices que han llevado a confusión. Repetimos: energías no, sensaciones.

Personalmente me creo que en determinados olores, músicas, entornos uno tenga mejores “sensaciones”, o más propicias para ciertas cosas. Habrá a quien le relaje agarrar piedras, yo qué sé (sobre todo si va con la predisposición adecuada). Y un masaje dado en determinadas condiciones de aromas y músicas puede ser más relajante. Pero como lo podrías conseguir con música de Vivaldi, una camilla estupenda o teniendo una buena relación con la persona que te lleva. Eso y nada más que eso.

Todo el rollo místico me resulta sólo el producto de una mala interpretación, de adaptar de cualquier manera conceptos de otro lugar y de otro tiempo. Porque no es lo mismo el lenguaje literal que el metafórico, el vocabulario técnico que el poético. Y trasladar las metáforas sólo como palabras, sin todo el “corpus” cultural en el que se apoyan, puede dar lugar a infinitos -y peligrosos- malentendidos.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/cavallotkd/4641843196/">cavallotkd</a> via <a href="http://photopin.com">photo pin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/">cc</a>

No tengo ni idea de si hay estudiosos, orientalistas o teóricos que apoyan esto. Pero creo que es un discurso de muy alta densidad de sensatez por frase.

Ahora, tanto como para llamarlo sensei… ;)

7 comentarios en “El Chi, la energía y la sensación

  1. Grande Luis! mi modesta opinion me conmina a tomar todo lo espiritual que se mezcla con dinero con un granito de sal; las religiones; los pendientes antiestrés; la aromaterapia… con el sentir no se deberia negociar, porque cuando el marqueting tira sus garras en alguno d estos eventos, pierde la autenticidad inherente al mismo en condiciones ideales. es como dices tú, este es otro producto importado en nuestra zona, para el interés de algunos y el tratamiento de algunos problemas de lujo acoplados a nuestra sociedad. que funcione o no depende de cuan influenciable/sugestionable sea la persona en si..
    que ya los hay que han perdido el dolor despues de tomar un placebo, mientras que otros seguian con dolor despues de tomar un analgesico, en calidad de placebo.

    un saludo!
    Tony

    1. Hay mucho de eso, sin duda. Y dios me libre de entrar -por lo menos hoy- en los espacios de creencias de nadie. Pero está claro que en occidente, hace décadas que mucha gente tiene una necesidad de “trascendencia” que no ve satisfecha con las religiones tradicionales en Europa. Habrá quien se acerque de forma genuinamente honesta, quien sea torpe y quien sólo lo haga por interés. Pero creo que dar ese salto requiere un esfuerzo muy difícil de entender. Y los atajos, probablemente, sólo sirvan para confundir…

  2. no sé, yo en algunos casos no veo ni ese lujo ni ese marketing. digo en algunos casos, por supuesto, habrá quien intente aprovecharse, pero como en todo (hasta vendiendo manzanas, con todo el respeto a los fruter@s) y desde el inicio de los tiempos. y espera un poco, seguro que dentro de poco hasta escribiendo blogs ;-)

    sólo sé que retomando el ejemplo del que hablas, Luis, hay muy buenos profesores que trasladan las técnicas de forma humilde y sin pretensiones más allá, intentando ser lo más fieles posibles a estas enseñanzas, conscientes del problema generado por las traducciones…

    pero eso sí, sentir y ver un golpe con kimé desde el hara, se experimenta, no se entiende. cuando se intenta volverlo mental caemos en la red de las palabras. yo creo que sólo así podremos saltarnos el google traductor ese… :) es como cuando realmente te sumerges en un idioma extranjero: aprendes palabras en ese idioma no nativo pero desde lo que son, no desde la traducción. y a veces cuesta un montón buscar una palabra en el propio idioma que le sirva de sinónimo en toda esa rica sutilidad con que la has aprendido.

    1. No dudo de que haya gente auténtica en todo eso, desde luego. Que lo haga con la mejor voluntad e incluso que llegue a entender -llámalo sentir- realmente algo parecido.

      Pero en este artículo me refería más a ese fenómeno de superchería que, al menos en volumen, ha engullido a esos primeros. Aproximaciones que abaratan y confunden. Y no tiene por qué ser por malicia, también puede ser por bienintencionada ignorancia. Que crean que entienden cuando no es así. Que se hagan construcciones mentales idealizadas de algo que no podemos concebir realmente es esta Europa rica del siglo XXI. “Distorsión por transculturación” lo ha llamado un colega de Google Plus. Me parece perfecto. (Le cambiaría el título al artículo si no me pareciera feo. ;) ) Al hilo de tu ejemplo con el idioma extranjero… ¿Podrías aprender esos matices y esas sutilezas sin un dominio profundo del idioma extranjero? ¿Sin una inmersión personalmente significativa en esa cultura? A mí me parece, cuanto menos, complicado.

      Así que es normal que haya muchísimo más de lo otro. Volvemos a Sturgeon: el 90% de todo es basura. (Probablemente más) El otro 10% cuesta mucho esfuerzo. Claro que es donde está lo que merece la pena…

      Lo de siempre, como ves. ;)

  3. Creo que eso es lo que le pasa a la Iglesia Católica: muchos rituales antiguos y orientales carecen de sentido hoy. Seguramente eran necesarios en tiempos de hambre, superstición, analfabetismo y temor, sazonados con la necesidad de esconderse para protegerse de persecuciones.
    Y así ocurre; querer mantener todo eso en pleno siglo XXI no creo que sea un fórmula de éxito.

    Supongo que con otras religiones pasará lo mismo: la abstención de comer carne de cerdo debió tener sentido algún día (realmente la deificación de las vacas no termino de verla).

    En fin, todo esto dicho desde el escepticismo crítico de un ateo convencido…

    1. Ya sabes lo que dicen: “El pasado es un país extranjero”. Luego, un pasado remoto, en un país muy remoto…

      Supongo que sí, que mucho de lo ritual de las religiones en general, y del cristianismo en particular, tienen justificaciones históricas. Cogiendo tu ejemplo, hay quien dice que la prohibición de comer cerdo viene de una epidemia de triquinosis… No lo sé. Pero seguramente es más efectivo explicarle a la población: “¡No comáis cerdo! ¡Lo ha dicho Dios!” que intentar educarla (-aunque pudieran, que no era el caso-). ;)

      Otras cosas, las que hablan de lo humano, las que hablan de las relaciones y de la muerte, sobreviven mejor el paso de los años y las evoluciones de la cultura. Como, probablemente el “corpus” último de la doctrina cristiana -esa de la que hablan los creyentes que mejor estima me causan, ya sabes, todo eso del amor- y para lo cual me sobra toda la parafernalia circundante.

      En cualquier caso, está claro que un Cristo, un Buda o un Mahoma, hoy en día, nos dura tres asaltos antes de internarlo en un sanatorio. ¿No crees?

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