Psicomagia

Salva mira suspicazmente a Nico. Verónica tan extrañada como él se dirige a la puerta. Abre y aparece Mercedes, una mujer en la sesentena vestida con un abrigo de visón, perlas, anillos de oro y un gran broche. Mira de arriba a abajo a Verónica con aires de superioridad. Cuando Salva la ve, ella a él todavía no le ha visto, se le caen los pinceles al suelo y se queda petrificado.

Mercedes: ¿El piso 7 del portal 17?

Verónica: Es lo que pone en la puerta, sí.

Mercedes: ¡Lo sabía! He tenido un pálpito. Ha sido verlo y en seguida sentir una energía que me decía…

Nico se acerca hacia ella deshaciéndose en gestos casi reverenciales.

Nico: Por favor, por favor, por favor, Mercedes. ¡Qué dicha verla! (le besa la mano, la coge del brazo y la mete dentro de la casa) ¿Habés tenido algún problema para llegar?

Mercedes: (Haciéndole carantoñas) Oh, no, no, no, cariño. Ninguno en absoluto. Desde que me he levantado he tenido claro que (solemne) el día de hoy estaba escrito. Que las estrellas no me iban a abandonar…

Se queda mirando a Salva. Él baja la cabeza.

Mercedes: Buenas noches, Salvador.

Salva: Mercedes…

Verónica: ¿Os conocéis?

Salva: Algo…

Mercedes: Hacía tiempo que no nos veíamos, ¿verdad?… (a Verónica) Disculpa que no a ti no te conozca.

Verónica: (suspicaz) Yo voy Vero.

Mercedes: Ah, bueno, entonces tal vez sí te conozca.

Verónica: ¿Si?

Mercedes: Déjame ver si adivino (le impone las manos en la frente) Veamos, eras una alumna de pintura de Salvador, te dejaste impresionar por sus milongas sobre el arte, te dijo que tenías talento y te enamoraste perdidamente de él. ¿Me equivoco?

Verónica: Pues mira, no. Yo soy la butanera.

Mercedes: Me gusta la tonalidad lila que adquiere tu aura cuando te enfadas. (Le coge los mofletes a Verónica) Me gustas, me gustas.

Nico: Es perfecta, ¿verdad?

Mercedes: (a Salva) La sustituta ideal.

Salva sigue con la cabeza gacha y bebe casi continuamente de la botella de vodka a pequeños sorbos.

Verónica: ¿Qué me has llamado?

Mercedes: Sustituta.

Verónica: Oye, que yo soy yo, ¿eh? ¡Yo no soy la sustituta de nadie!

Mercedes: (Riendo con cierta superioridad) Claro que sí, encanto. Pero descuida, algún día tú también tendrás tu propia sustituta.

Verónica: ¿Pero tú de qué vas?

Nico: Disculpa, Verónica, pero creo que no estás entendiendo bien… ¿No te había dicho que teníamos un plan especial para ti? ¡Pues ésa es la idea! Vas a sustituir a una persona que no puede estar. Vas a ser…

Verónica: (decepcionada) ¿Sustituta?

Nico: Yo no diría exactamente eso, más bien lo veo como ser… ¡actriz!

Verónica: Venga ya…

Nico: Actriz, actriz.

Verónica: Si yo no he hecho eso en la vida.

Nico: Pero se te dará bien. Lo noto en tu expresividad, tu manera de moverte, de mirar…

Verónica: ¿De verdad?

Nico: ¿Honestamente? Sí.

Verónica: ¿Has oído, Salva? Cree que puedo ser una (haciendo aspavientos) gran actriz. Nico cree que tengo talento. No como “otros”.

Salva: (Llevándose la mano a la cara) Madre de dios…

Nico: Bueno. ¿Qué les parece si vamos entrando en el detalle de lo que va a ser el acto psicomágico de esta noche?

Verónica: Mola. (a Salva) Yo voy a ser la actriz, ¿sabes?

Salva: Anda, cari. Déjales que nos expliquen.

Nico: Bueno, como les decía, creamos un acto psicomágico para liberar el subconsciente de esta persona, de esta linda mujer del dolor que la aquejaba.

Verónica: ¿Que era cual?

Salva: Tú no te enteras de nada, ¿verdad?

Nico: Su hija. Su única hija, la luz de sus ojos, la sangre de su alma, que perdió la vida. Y lo que es peor, en circunstancias… poco claras.

Verónica: ¿La Silvia? ¡Joe qué chungo!

Nico: Nadie sabe si fue un accidente, un producto de la casualidad, un descuido, una… búsqueda, digamos, activa de terminar con su dolor. O, tal vez, ¡un asesinato!

Salva: ¡Juro que yo no sé nada!

Nico: Nadie le está acusando, Salva.

Salva: Lo juro. No tengo nada que ver. Mercedes, tú sabes lo mal que lo pasé.

Mercedes: (Escrutando los ojos de Salva) ¿Lo puedo saber? ¿Eres, realmente, una buena persona?

Verónica: ¡Oiga, que Salva es muy bueno! Si ahora hasta se cambia de acera cuando pasa delante de una tienda de animales.

Mercedes: (continúa mirando a Salva) ¿Qué te parece su aura, Nico?

Nico: ¿El aura, decís?… ¿Del muchacho?… Eh, bien, bien… Muy… conspicua.

Mercedes: Sí, yo también creo que dice la verdad.

Salva: Fue muy duro, aquello. Yo también sufrí mucho.

Mercedes: Eso pensé yo cuando no te vi en el funeral. Me dije: “Qué mal debe de sentirse este chico”. Con todo lo que hicimos por él.

Salva: Perdóname, Mercedes, estaba destrozado. Aunque, afortunadamente, ya lo he superado (y bebe un gran trago de vodka).

Nico: (sonriendo) Si lo desea, una vez terminemos la sesión de hoy, le doy mi tarjeta para llevar su caso.

Salva: ¿Y no podríamos hacer un acto de esos psicomágicos que nos sirviera a los dos?

Nico: ¡Absolutamente no! Cada acto va diseñado a la medida exacta de la psique de cada cual. Mercedes superó todo un proceso antes de llegar a mí. Abandonó la religión y la terapia tradicional. Entiéndanme esto bien porque no me cansaré de repetírselo: Cualquier acción que lleven a cabo dentro del ritual psicomágico ha de realizarse tal cual ha sido formulada. La más mínima variación, el menor descuido, puede ser tremendamente perjudicial para el inconsciente del sujeto. ¡Puede provocar reacciones absolutamente imprevisibles!

Salva: Joder, no me asustes.

Nico: No se preocupen. Nada va a salir mal hoy. (Besándole la mano a Mercedes) Lo tenemos todo bajo control. ¿Cierto, cariño?

Mercedes: Cierto, pichón.

Nico: En cualquier caso, a raíz de la pérdida de su hija, esta hermosa mujer comenzó a sufrir visiones enturbiaron su reposo, primero, y su vigilia, después. Era la figura de su hija. Una figura triste, ésta. Maltrecha. Dolorida. El vivo reflejo de un alma que no puede descansar…

Mercedes: Un alma que no puede descansar.

Nico: ¡Un alma que no puede descansar!

Mercedes: ¡Un alma que no puede descansar!

Nico: (cogiéndole la mano y besándosela) Hoy le darás descanso.

Mercedes: Hoy descansaremos todos.

Salva: (hace como que va a lanzar la botella) ¡Todos! (finalmente, baja el brazo y le da un trago).

Nico: ¡Perfecto! Como veo que hay quórum...

Verónica: Oye, Salva, a mí esto… me está dando un poco miedo…

Salva: Verónica, creo que me va a hacer bien todo esto.

Verónica: ¿Bien, bien?

Salva: Creo que sí.

Verónica: ¿Se acabará lo de emborrachar a los niños?

Salva: Te lo prometo.

Verónica: ¿Y la de hacer cosas como… lo de la tienda de animales?

Salva: Nunca más cerrarán las puertas con llave al vernos llegar.

Verónica: Pues… venga.

Nico: En ese caso, les contaré brevemente lo que haremos para que vean que no quiero engañar a nadie. En primer lugar, abriremos nuestras de la percepción. Después, Mercedes “invocará”, simbólicamente por supuesto, al espíritu de su hija o a su propio subconsciente, como quieran entenderlo. Pero esta vez, por vez primera, se enfrentara a ello cara a cara. Gracias a usted, Verónica, que de algún modo, sustitui… encarnará, representará ese espíritu. Mercedes podrá expresar todo su dolor, comunicárselo a su hija. Y usted, Salvador, lo recogerá en un cuadro que firmará, convenientemente, con el nombre de Silvia. Por último, Mercedes lo quemará. De esta manera el recuerdo quedará libre en la tierra y la mente de Mercedes libre del recuerdo.

Verónica: Oye, pues ni tan mal.

Mercedes: Estoy preparada.

Salva: Dale.

Nico: Empezaremos pues, por que vayan abriendo las puertas de su percepción, que entren en comunicación con su yo íntimo. Es importante que su Ego no interfiera en la comunicación que va a establecerse. Para ello, todos, incluido yo mismo, estimularemos nuestros sentidos con una pequeña dosis de una sustancia psicoactiva…

Mercedes: ¿Drogas?

Nico: Sí, bueno, es una manera de decirlo…

Verónica: Pues espero que hayas traído tú, neng… Porque a nosotros ya no nos fían…

Nico: (ríe) Oh, claro, disculpá. (Yendo hacia el maletín) Entenderá que yo use las mías propias…

Salva: ¿Y qué nos vas a dar?

Nico: Belladona.

Mercedes: Ay, Nico, no sé…

Nico: Es natural ciento por ciento.

Mercedes: Es que yo nunca…

Nico: Mercedes, vos sabés que en toda época y lugar los grandes maestros han consumido sustancias en busca de alteraciones de su estado de consciencia…

Mercedes: Si, pero…

Nico: Se dice que Aleister Crowley consumía asiduamente.

Mercedes: ¿Quién es ese?

Nico: Este, bueno… tampoco faltan los registros de expertos que cuentan que el propio Nostradamus a menudo hacía uso de…

Mercedes: Ese me suena… ¿Nostra… cómo?

Nico: Verás, este… ¡Aramis Fuster se pone hasta los ojos de esto!

Mercedes: ¡Ah, bueno! ¡Haber empezado por ahí!

Nico saca del maletín una cachimba a la que prende.

Nico: (Dándosela a Mercedes). Cuidado, está muy concentrada esta sustancia.

Mercedes da una calada y se la pasa a Verónica, que también fuma y se la pasa a Salva que da una pequeña calada, tose, y bebe un trago de vodka. Nico no fuma.

Nico: Antes de que les haga el efecto, que será en muy breve… Quiero decir, antes de que nos haga efecto, quiero recordarles que es de vital importancia que todo se haga según el ritual establecido. Cualquier desviación podría tener consecuencias irreparables en la psique de (cogiendo la mano de Mercedes) esta hermosa mujer. Su parte es sencilla, déjese llevar por lo que saben hacer.

Nico sienta a Mercedes en la mesa.

Nico: Sentate aquí.

Mercedes: (Ligeramente grogui) ¿Puedo sacar ya mis piedras de energía?

Nico: Puede usted sacar todo lo que le haga sentirse preparada para entrar en comunicación con usted misma.

Mercedes va sacando de su bolso varias piedras grandes de colores vistosos y las frota. Pone también una vela frente a ella. Nico coloca a Verónica al otro lado del escenario, el izquierdo, dejando el caballete en medio, como una barrera. La superficie en la que Salva pintará solo se ve desde el lado de Mercedes.

Nico: Usted, Verónica, limítese a responder a las preguntas que ella le vaya planteando. (Susurrando) La mayor parte del tiempo sólo tiene que seguirle la corriente. Ella lo va a decir casi todo. Y, si fuera necesario, yo le ayudaría con las respuestas. No tenga cuidado. Sólo deje salir a la actriz que lleva dentro.

Verónica: (ya bastante colocada) ¿Verdad que puedo ser una gran actriz?

Nico: (cogiéndola de los hombros y mirándola fijamente) Sin duda. Confío en vos.

Nico coloca a Salva frente al caballete.

Nico: Tu posición, entre medio de ellas ha de servir para captar el momento de la transmisión. No veas ahora este lienzo como lienzo sino como el celuloide entre (señalando a Verónica) la acción y (señalando a Mercedes) el ojo que la mira.

Salva: ¿Cuándo empiezo a pintar?

Nico: (místico) Cuando usted sienta que el momento ha llegado. (normal) O cuando yo le haga una seña, es lo mismo.

Nico: ¡Luces fuera!

Nico apaga la luz (en escena disminuye la intensidad de los focos). Se coloca detrás de Mercedes.

Mercedes: ¿Enciendo ya la vela?

Nico: Cuando vos querás.

Mercedes la enciende. Luego cierra los ojos y empieza a ulular. Salva mira a Verónica y los dos se miran con cara de extrañados, les empieza a entrar la risa y tratan de contenerse.

Mercedes comienza entonces a emitir sonidos guturales más y más extraños. Salva y Verónica a penas pueden reprimir las carcajadas.

Despacio, sin hacer ruido, Nico se coloca entre ellos y les hace señas para que no se rían, ante lo cual ellos se ríen más aún. Les hace señas de que les va a pegar.

A Verónica le da tanta risa que sale de la habitación por el lado izquierdo.

Cuando Mercedes comienza a hacer ruidos particularmente graciosos Salva casi no puede más.

Finalmente Nico le da un capón a Salva, que se calla de inmediato, y se mete en su papel.

Mercedes: ¿Hija mía? ¿Dónde estás, hija mía?

Nico: Su hija… su hija, sí… Este… Llamala por su nombre.

Mercedes: ¡Silvia! ¡Soy tu madre! Dime, Silvia. ¿Dónde estás?

Nico: Continúe. Necesita… alcanzar… un estado de trance más profundo.

Nico sale por donde se ha ido Verónica. Mercedes vuelve a su ulular durante unos segundos. Salva sigue bebiendo.

Mercedes: ¿Hija mía? ¿Dónde estás?

Salva: Llámela por su nombre…

Mercedes: ¡Silvia!

Un instante de silencio.

Mercedes: ¡Silvia!

Entra Verónica tambaleándose, acaba de recibir un empujón de Nico fuera de escena. Lleva una galleta en una mano y está visiblemente drogada.

Verónica: Perdón.

Salva le hace un gesto como de “por favor, un poco de seriedad”. Entra Nico y se queda junto a ella muy cabreado.

Mercedes: Hija mía. ¿Estás ahí, Silvia?

Verónica: (confundida, mirando a Nico como a un apuntador) Sí, sí, sí. Aquí estoy. (Nico le pide que continúe con la mano) Aquí estoy… ¡Madre! (Niko le hace ok con el pulgar)

Mercedes: (casi llorando) ¡Hija mía!

Verónica: Madre.

Mercedes: (Más exagerado aún) ¡Hija!

Verónica: (Nico le hace señas de “sube”, Verónica pone un tono más dramático) ¡Madre!

Mercedes: ¡Hija! ¡Cuéntame! ¿Cómo es tu vida del otro lado del velo?

Verónica: (con la boca llena) Pues aquí… comiendo galleta.

Mercedes se queda con la boca abierta. Nico se desespera. Salva se aguanta la risa. Nico se acerca a Salva.

Nico: (susurrando) ¿Le gustaban las galletas a Silvia?

Salva asiente con la cabeza. Nico respira aliviado.

Mercedes: (Desconcertada) ¿Pero hay… galletas… del otro lado del velo?

Verónica: Uy… muchas. Pero se nos ha acabado la nocilla.

Mercedes: (al cabo de unos segundos de desconcierto, por fin sonríe) Muy bien, hija, muy bien. Pero acuérdate de comer también verduras, ¿eh?

Nico: Mercedes, por favor, ¿no podrías ir un poco más al nudo del asunto?

Mercedes: ¿Me vas a decir tú cómo tengo que educar a mi hija o qué?

Nico: Oh, no, no, no… por dios yo sólo…

Verónica: ¡Que una madre siempre es una madre, oiga!

Mercedes: ¡Eso mismo! …Poca vergüenza.

Verónica le saca la lengua a Salva haciéndole burla y se ríe. Nico se acerca a Verónica.

Nico: (susurrando amenazante a Verónica) Tené cuidado. Recordá que con cualquier comportamiento “extraño” podés desbaratar la terapia entera y chiflarla más aún.

Verónica: (también en voz baja) ¿Más?

Mercedes: Hija, mía. Sé que hace tiempo quieres decirme algo.

A partir de ahora las intervenciones de Nico serán susurros a la espalda de Verónica. Salva escucha y de cuando en cuando pega un trago. Coge su paleta de colores.

Verónica: Sí… Madre… Quiero decirte…

Nico: Lo del cuadro.

Verónica: Quiero… “Lo del cuadro”.

Mercedes: ¿Quieres contarme la historia definitiva de lo que te ocurrió, pobre alma doliente y joven perdida en la flor de la vida? ¿Quieres expresar tu dolor más íntimo, a través del arte que fue tu vida entera, a través de las manos del hombre a quien más amaste, aquí presente, para así poder liberar tu alma de la carga del secreto con que nos dejaste y poder así descansar en paz?

Verónica: (mira a Nico confundida. El asiente con la cabeza) Este… Sí, oye. Eso mismo.

Mercedes: ¿Ves, hija, qué bien nos entendemos?

Verónica: Como si me hubieras parido, vaya.

Nico se lleva las manos a la cabeza.

Nico: (Susurrando a Verónica) Andá, dale. Abrí un poco más las puertas de la percepción…

Verónica le da una calada muy larga.

Mercedes: Ay, hija, que alegría escucharte.

Nico: (Susurrando a Verónica) ¿Mejor? ¿Un poquito más?

Verónica le quita la cachimba y le da una calada más larga aún. Se desmaya y Nico la agarra antes de que caiga al suelo. Salva se acerca, asustado, y le da unos sopapos para reanimarla. El último es bastante sonoro. Verónica abre los ojos.

Salva: (Susurrando) Ay, perdona, cariño. Creo que me ha pasao…

A partir de ahora Verónica hablará con otra voz más profunda. Mercedes, con los ojos cerrados, no se ha enterado de nada.

Verónica: (en voz alta) Está bien, Salva, te perdono.

Mercedes: ¿Dices que le perdonas a Salva, hija? ¿Por qué tendrías que perdonarle?

Verónica: Madre, hay muchas cosas que no sabes.

Nico y Salva alucinan. Nico le manda a su sitio a Salva para pintar y éste va. Verónica se incorpora y permanece completamente rígida.

Verónica: Es lo que he venido a decirte, madre. He venido a contarte qué pasó en el acantilado aquella tarde.

Mercedes: Dime, hija. ¿Quisiste matarte?

Verónica: No, madre. Yo no quise matarme.

Mercedes: ¿Quiso alguien matarte?

Verónica: No, madre. Nadie quiso matarme.

Mercedes: ¿Qué fue pues? ¿Un accidente?

Verónica: No, madre. No puede llamarse accidente a aquello que está escrito.

Mercedes: Habla pues, hija. Habla y pinta.

Verónica: Yo había discutido con Salva aquella tarde. Discutimos mucho. Discutimos… muy duro.

Salva asiente. Agarra el pincel con el puño y empieza a pintar con pintura.

Mercedes: ¿Por qué, cariño?

Verónica: Discutimos porque pese a que él ya vivía con Verónica, todavía se acostaba conmigo.

Mercedes: Cerdo.

Salva baja la cabeza y sigue pintando.

Verónica: Discutimos porque era un cobarde.

Mercedes: Desde luego.

Verónica: Discutimos porque yo llevaba algún tiempo tomando pastillas.

Mercedes: …¿qué tipo de pastillas?

Verónica: Discutimos. Porque estaba embarazada.

Salva pinta con rabia, con furia. Lo mira y asiente. Y vuelve a pintar. Nico parece entusiasmado y hace el símbolo de “ok” tanto a Salva como Verónica, que le ignoran por completo.

Mercedes: ¿Él te mató?

Verónica: No. Él no hizo nada.

Mercedes: ¿Y qué ocurrió entonces?

Verónica: Ocurrió que subí a ver la puesta del sol al acantilado.

Mercedes: Ibas allí desde niña.

Verónica: Ocurrió que de pronto, encontré un ángel.

Nico le hace ok a Verónica con la mano. Ella no responde.

Mercedes: ¿Un ángel?

Verónica: Un hombre alado, suspendido de su luz en el aire.

Nico hace el gesto de aplaudir, está encantado.

Mercedes: ¿Sobre el acantilado?

Verónica: Sobre el acantilado llamándome. Tenía en paz en la mirada y las manos abiertas.

Mercedes: ¿Y qué hiciste?

Verónica: Abrazarlo.

Salva deja la paleta y comienza a pintar con vodka.

Mercedes: Abrazar… ¿un ángel?

Verónica: Suspendido…

Mercedes: ¿Y caer?

Verónica: …llamándome…

Mercedes: ¿Y morir?

Verónica: …paz.

Mercedes: Así que… te…

Verónica: Lo abracé. Eso es todo.

Mercedes: ¿Y me dejaste aquí sola?

Verónica: Es todo.

Mercedes: Hija…

Verónica: Es todo.

Verónica se vuelve a desmayar. Nico la coge en el aire.

Mercedes: ¿Hija? Todavía hay muchas cosas que no sé.

Nico da pequeños sopapos a Verónica, que no despierta.

Mercedes: ¿Hija?

Salva mira su propio cuadro. Está sobrecogido.

Verónica abre de nuevo los ojos.

Nico: (susurrando) ¡Espectacular! ¡Estuviste espectacular!

Verónica: (con su voz original) ¿De verdad?

Mercedes: ¿Hija?

Mercedes vuelve a ulular.

Nico: (Coloca de pie a Verónica y la deja a su espalda) Salva, fírmalo con el nombre de Silvia. Mercedes lo tiene que prender.

Salva: Oye, ¿y si lo conserváramos habría algún problema?

Nico: De ninguna manera. Sabes que cualquier diferencia con el ritual establecido…

Salva: Sí, sí, sí… (señalando a Verónica) ¡Cuidado, que se desmaya!

Nico se da la vuelta. Verónica está perfectamente de pie.

Nico: ¿Qué decís?

Salva: No, no de verdad, mírala, está pálida.

Salva le hace señas de que se tire.

Verónica: (Verónica entiende y se tira al suelo). ¡Ay, qué mareo!

Nico va a asistirla. Salva aprovecha el momento para cambiar el cuadro pintado por un lienzo en blanco y esconder el pintado.

Mercedes termina de ulular y abre los ojos.

Mercedes: Ya no va a volver…

Nico: (Con Veron aún en brazos) No lo creo. Es momento de que dediques una última mirada al cuadro, te reconcilies con él, y lo prendas…

Verónica: Bueno, creo que ya estoy mejor…

Los tres van yendo hacia el caballete.

Verónica: A ver qué has hecho…

Salva: Bueno, es… quizá algo distinto a lo que esperáis.

Nico: Sea lo que sea es lo que ha de ser.

Salva: De acuerdo…

Salva gira el caballete para ponerlo de cara al público. Está en blanco.

Mercedes: ¡Está vacío!

Nico: ¡La jodiste!

Salva: No, no… No está vacío. Es… sutil, porque lo he pintado con vodka.

Nico: ¡Concha de tu madre! ¿Qué hiciste, inconsciente?

Salva: Es una nueva técnica que estoy desarrollando…

Nico: ¿Te dije que si no cumplías con lo establecido el subconsciente de esta mujer se nos iba al carajo?

Verónica: Pero que es verdad, ¿eh? Que es una técnica que ha inventado él.

Salva: Mírelo, mírelo bien. Hay que tener una sensibilidad muy especial para apreciar los matices…

Nico: ¿Pero cómo se te ocurre…?

Mercedes: Me gusta. Me gusta así. Es más… personal.

Nico: ¿De veras?

Mercedes: Me encanta. A mi hija le hubiera encantado, lo sé.

Nico: Este… Bueno… si usted está de acuerdo…

Verónica: Además, ¿no era pa quemarlo? Pues así más fácil.

Nico: De acuerdo, de acuerdo. Mejor para todos. Mercedes, mi amor, en ese caso, culminá el acto psicomágico y préndelo.

Mercedes coge la vela, y le da fuego. Sale un fogonazo rojo. Todos tosen.

Salva: ¡Qué peste!

Verónica: ¿Cómo a azufre, verdad?

Nico: ¿Y bien? ¿Cómo se sienten ahora?

Mercedes: ¡Completamente liberada!

Nico: ¿Cierto?

Mercedes: Por fin lo veo claro.

Nico: ¡Fantástico!

Mercedes: No sé cómo no lo he sabido antes. Hoy empieza mi vida.

Nico: ¿Vieron? Este es el resultado de toda buena terapia psicomágica. Una revelación personal. Un renacer…

Mercedes: Tanto y tanto darle vueltas a todo esto… cuando la solución la he tenido siempre ahí.

Nico: El ser se encuentra con su yo íntimo y se hace libre…

Mercedes: ¡Me voy a hacer monja de clausura!

Nico: ¿Perdón?

Mercedes: Nico, lo siento.

Nico: ¿Pero qué decís?

Mercedes: Me has tratado maravillosamente todos estos meses.

Nico: Pero… ¿y nosotros?

Mercedes: Estoy segura de que no hay un hombre mejor que tú en toda la tierra, pero…

Nico: ¡Casémonos!

Mercedes: ¿Pero cómo comparar el amor de un hombre con el amor de Dios?

Nico: Este… ¿Y no sería mejor que lo pensaras con más calma? Echar un sueñecito después de tanta emoción…

Mercedes: Jamás he sentido una certeza tan honda como la de hoy, Nico. Gracias. Lo siento. Gracias, a vosotros también. Adiós.

Se va, con ligereza, por la derecha.

Nico: Me cago en…

Verónica: Oye, tú. ¿Y nuestro dinero?

Nico: Ahí se está yendo.

Verónica: Eh, tío. Que el trato era contigo.

Nico: Perdona, pero yo ahí no puedo hacer nada. La del dinero era ella…

Salva: Pues tú verás lo que haces…

Nico: Este… Entiendo que no es lo mismo, pero… tal vez haya algo que sí pueda ofrecerles…

Verónica: ¿El qué?

Nico: ¿Les interesaría un ADSL con llamadas gratis dentro del territorio nacional por solo 19’95 euros al mes?

Salva: ¡Lárgate de aquí! ¡Pesao!

Salva se lanza a pegarle con la botella. Nico sale corriendo de la sala. Verónica lo retiene.

Verónica: Déjalo, anda. Si total…

Salva: Si es que me lo veía venir, ¿eh?

Verónica: Bueno, déjalo. Tampoco hemos perdido nada, ¿o qué? ¿No te ha molao?

Salva: (La mira como intentando adivinar qué sabe ella) Eh… sí, mucho.

Verónica: ¿Soy buena actriz o qué?

Salva: A mí me has dejado impresionado, la verdad…

Verónica: Si yo en el fondo siempre he tenido talento. (Haciéndole una carantoña). …Y tú también.

Salva: Por cierto, ¿quieres ver lo que he pintado de verdad?

Verónica: ¿Al final no lo ha quemado ésta?

Salva: ¡Ni de coña! Se la he metido doblada.

Verónica: ¡Ah! ¿Por eso me has dicho que me tire al suelo?

Salva: Es que era demasiado bueno…

Salva coge el cuadro pintado durante la sesión y lo pone en el caballete.

Salva: ¿No es genial?

Verónica: Joder, Salva, es cojonudo. Es… lo mejor que te he visto, no sé… ¡Nunca! (lo abraza)

Salva: Pues salió así, oye, en un segundo.

Verónica: ¿Y ésta sombra cómo de disolvente?

Salva: Aaahhh… Es mi “Espíritu de vodka”.

Verónica: Claro, claro, ya lo veo… ¡Me encanta!

Salva: Quiero investigar la técnica. Yo creo que tiene futuro. Esto.

Verónica: Ganaremos premios. Venderemos cuadros…

Salva: Te lo dije. Sólo teníamos que superar el bache este que venía durando desde lo de…

Verónica le da un bofetón.

Salva: ¿Y ahora qué pasa?

Verónica: ¿Cómo que qué pasa?

Salva: Lo siento, lo siento, lo siento… Tendría que habértelo contado todo.

Verónica: ¡Desde luego que sí! Mira que… ¡emborrachar a una niña de ocho años!

TELÓN

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