Psicomagia

ACTO ÚNICO

Salva entra en escena. Coge un nuevo lienzo del fondo, le pasa la mano por encima como para quitarle el polvo. Lo coloca sobre el caballete. Se sitúa frente a él y se queda mirándolo completamente estático. De una mesita junto al caballete, coge un pincel en su mano derecha y la paleta en la izquierda. Apoya el pincel sobre la paleta y se queda quieto mirando el lienzo.

Finalmente levanta la mano del pincel y lo encara. Se queda quieto. Respira hondo. Devuelve su mano derecha a la posición inicial. Da un gruñido, deja la paleta y el pincel de nuevo en la mesita y se gira hacia la mesa grande del centro.

Se sirve un vaso de vodka y vuelve hacia el lienzo. Lo mira desde todos los ángulos mientras se va bebiendo el vaso poco a poco. Se lo acaba. Vuelve a la mesa y se sirve otro vaso. Se gira hacia el cuadro de nuevo, pero esta vez se bebe el vaso de un trago antes de llegar. Vuelve a la mesa y esta vez se lleva la botella en una mano y el vaso en la otra. Deja el vaso y la botella en la mesita, coge el pincel y cuando va a coger la paleta con la otra duda. Finalmente, coge el vaso de vodka.

Se gira hacia el lienzo con una sonrisa.

Moja el pincel en el vodka y comienza a pintar con el al principio con curiosidad, y después disfrutándolo, se le ve contento del resultado.

Por el lado derecho de la escena entra Verónica dando un portazo y visiblemente enfadada.

Verónica: Joder, Salva, me cago en tus muelas.

Salva no se da la vuelta. Sigue sonriente mirando su cuadro en blanco.

Verónica: Pero me cago en tus muelas una por una, Salva, joder.

Salva: (sin girarse ni perder la sonrisa) ¿Ocurre algo cariño?

Verónica lo agarra, le da la vuelta y le grita.

Verónica: ¿Que si ocurre algo? ¿Que si ocurre algo, me dices? No. Nada. ¡Qué va! Sólo que entro en la panadería y la tipa se me queda mirando con una cara como de pena que no veas. De pena o de vergüenza ajena, joder, yo qué sé.

Salva: Vaya. ¿Y eso?

Verónica: A ver, ¿por qué crees tú que puede ser?

Salva: No lo sé. ¿Porque una artista de tu talento esté trabajando de cajera?

Verónica: Tú eres imbécil, ¿o qué? (pequeño silencio, huele a su alrededor) Oye, qué pestazo a alcohol tienes, ¿no?

Salva: ¡Ah, eso! Te va a encantar. ¡Estoy ensayando una nueva técnica! Casi te diría que es una… terapia. Mira…

Verónica: Que no me cambies de tema, coño. Que contenta me tienes…

Salva: Si te fijas bien en el cuadro verás algo… sutil.

Verónica: Te digo que no me ha mirado con pena porque tenga que mantener a mi novio (sarcástica, haciendo el gesto de entre comillas) el gran artista con un sueldo de cajera.

Salva: Hay que estar atento pero, si te fijas bien, verás que hay un rostro dibujado.

Verónica: Resulta que me ha mirado con esa cara porque el otro día ese novio mío, tan librepensador, tan anticonvenciones él, cogió y…

Salva: ¿Lo ves? ¡Es mi autorretrato! Estoy pensando titularlo “Mi fantasma”.

Verónica: (Echando un vistazo rápido al cuadro). ¡Ahí no hay nada, joder!

Salva: No, no, no… Te equivocas. Me he pintado mí mismo… ¡con vodka!

Verónica: (Pausa). Brillante, cielo. Brillante, de cojones. Pintar con vodka.

Salva: O tal vez lo titule “Espíritu en vodka”…

Verónica: ¿Cómo no se le ocurriría a Picasso?

Salva: Bueno, a Picasso no sé pero a Malevitch…

Verónica: Déjate de Malkovich, ahora, joder. ¡Que te me estás yendo de tema!

Salva: (Molesto). A ver ¿qué pasa?

Verónica: Te decía, que el tontolaba de mi novio el artista del vodka, el que tiene una fama de puta madre, decidió el otro día acercársele a una niña que no conocía de nada…

Salva: (Extrañado). ¿Si?

Verónica: A una niña de ocho años… que, repito, no conocía de nada.

Salva: ¿Ahá?

Verónica: ¿No te suena de algo?

Salva: No sé… no recuerdo. ¿Y qué pasó?

Verónica: ¿No, eh? Pues se lo puedes preguntar a cualquiera del barrio. Todo el mundo lo comenta.

Salva: Bueno y… ¿qué pasó?

Verónica: Pues que cogió y le dio a beber vino. ¿Qué te parece?

Salva: (sonríe) ¡Ah, aquello! ¿Y por eso tanto lío?

Verónica: Es que esto es pa cagarse, vaya. (Ridiculizando) “¿Y por eso tanto lío?” ¡Darle vino a una niña de ocho años, joder, Salva!

Salva: Era vino dulce.

Verónica: Pues podías haberlo usado para hacerte un jodido autorretrato. ¡Que por lo menos no es transparente!

Salva: ¡Eh, que el vodka tampoco lo es del todo! Deja un rastro sutil…

Verónica: ¿Pero como se te ocurre darle vino a una niña?

Salva: Si a penas le dejé mojarse los labios …

Verónica: ¡Si se fue a casa borracha, joder!

Salva: Bueno, es que… le gustó. Y me pidió más…

Verónica: ¿Pero cómo puedes ser tan imbécil? ¿Tú sabes que fama tienes?

Salva: Un vasito de nada.

Verónica: ¡Ocho años!

Salva: Yo le hubiera echado por lo menos nueve, la verdad.

Verónica: Salva, su padre pasó por la tienda al cabo de un rato y preguntó por ti, ¿sabes?

Salva: ¿Y bien?

Verónica: ¿A ti que te parece? ¿Qué quería agradecértelo, quizás? Decirte (poniendo voz de hombre) “oiga, usted es el desconocido que ha emborrachado a mi hija de ocho años, ¿verdad? Le importaría estarse quieto un momento mientras yo le voy partiendo las piernas”.

Salva: ¡Verónica, por dios! ¿Pero qué dices?

Verónica: No sé. Igual me equivoco. Igual quería que le hicieras un “retrato fantasma”.

Salva: Ya que lo comentas, y ahora que te has calmado, dime ¿qué te parece?

Verónica: Un autorretrato cojonudo, Salva. ¡Si hasta huele como tú! Va a ser una pena cuando se evapore del todo.

Salva: Ahí radica parte de su belleza. Lo efímero del mensaje, como la vida, como el sujeto. Otro buen motivo para llamarlo “fantasma”. Es como la esencia más volátil del yo…

Verónica: Mira, déjate de paridas. Que llevo un cabreo que no sé si darte un guantazo o hacerme yo también artista conceptual.

Salva: Pero bueno ¿qué ha pasado con aquella chica rebosante de sensibilidad, talento y ambición que se enamoró de mí?

Verónica: Pasa que se hartó de trabajar en el caprabo para mantener-te.

Salva: Vuelve a pintar, Vero. Con la dedicación adecuada estoy seguro de que tiraríamos adelante con nuestro arte y…

Verónica: Mira, Salva, que ya no tengo dieciocho años para que me andes llenando el tarro de movidas…

Salva: ¿Cuántos tienes pues?

Verónica: Parece mentira que no lo sepas… ¡Veintitrés!

Salva: ¿Lo ves? Eres una cría. No entiendes nada.

Salva vuelve a su cuadro.

Verónica: …ocho años. ¡Ocho años, joder! Tiene cojones.

Salva: ¡Por favor, basta ya!

Verónica: Y es que esa es otra, además, como nos sobra la pasta, como cae del cielo… pues se puede ir por ahí bebiendo vino dulce.

Salva: Es solo una mala racha, Vero. En cuanto tú o yo ganemos algún premio o vendamos algunos cuadros…

Verónica: Sabes que es imposible.

Salva: No lo es.

Verónica: Salva, ¿te acuerdas de la que montaste en aquellos baños públicos?

Salva: ¡Por dios! ¿Otra vez con eso?

Verónica: O igual prefieres que hablemos de la de la tienda de animales.

Salva: ¡Aquello no lo entendió nadie! ¡Fue un acto de amor!

Verónica: Lo que tú quieras. Pero salió en los periódicos. Así que ni premios, ni ventas, ni nada.

Salva: Siempre puedes dejarme volver a dar clases…

Verónica: No, no, no… Si yo te dejo.

Salva: Claro … siempre que no haya alumnas.

Verónica: O con alumnas. Tú puedes hacer lo que quieras.

Salva: Pero si las hay, te vas de casa, ¿no?

Verónica: Nadie te dice que no lo hagas, ¿eh?

Salva: Eres una paranoica.

Verónica: Si soy tan paranoica explícame por qué prefieres no dar clases a dar sólo a chicos.

Salva: Lo que te pasa es que te sientes mal contigo misma por lo de Silvia.

Verónica: Mira, mira, mira… No me jodas la vida, ¿eh? No quiero ni oir ese nombre.

Salva: Silvia, Silvia, Silvia, Silvia…

Verónica: ¡Que te calles!

Se hace un silencio. Salva se da la vuelta y mira el cuadro.

Verónica: Bastante tuvo la pobre. Déjala descansar ya, anda.

Salva comienza a darle pinceladas con vodka de nuevo.

Salva: De verdad creo que esto puede funcionar…

Verónica: Fijo.

Salva: Dime la verdad. ¿Cuánto crees que estaría dispuesto a pagar por esto un tío con pasta?

Verónica: ¿Por esa mierda? Pero si es un peligro. Es casi terrorismo. Te pueden hasta detener.

Salva: ¿Pero qué tonterías dices?

Verónica coge un mechero y prende el cuadro. En escena hay fogonazo de color rojo y un chasquido a quemado. Los dos se quedan asustados un segundo.

Salva: (Tosiendo y agitando el aire con la mano). ¿Pero te has vuelto loca? ¿Qué has hecho con fantasma en vodka? ¡Has quemado mi alma!

Verónica: (Tosiendo) Bueno, oye, tú la querías vender.

Salva: (Tosiendo) Si tuviera un comprador…

Suena el timbre. Los dos se miran en silencio, extrañados.

Verónica: ¿Esperas a alguien?

Salva niega con la cabeza.

Un comentario en “Psicomagia

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