Ignorancia, sugestión, demencia, desesperación y maldad

Por motivos que compartiré pronto, últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema éste de las pseudociencias. Al fenómeno de su auge, su persistencia, sus implicaciones para todos. Especialmente con aquellas -tal vez, las más presentes- relacionadas con la salud.

Si bien es cierto que les dejé de conceder el beneficio de la duda hace ya mucho, sólo han pasado unos años desde que comencé a declararlo abiertamente, en cualquier foro. Me ocurría un poco como al mono que quiso ser escritor satírico de Monterroso. Todo eso del aprecio a determinadas personas, la empatía que me despertaban otras por lo doloroso de su situación o el simple hecho de no querer meterme en discusiones bizantinas porque, como sabemos, nunca se convence a nadie de nada.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, sí he empezado a posicionarme. Públicamente y sin ambigüedades[1]. A llamar fraude a lo que es fraude y “pensamiento mágico” a lo que son… pajas mentales. Y he llegado a ello distinguiendo la creencia de la persona. A entenderles -o entendernos, en mayor o menor medida-, como víctimas.

Excepto en un caso.

Y es que, en mi opinión, el cócktel que hace que funcione toda esta maquinaria de los fraudes pseudocientíficos consiste en un combinación de los siguientes elementos:

  • Ignorancia: Pero desde el respeto, ojo. Porque me refiero, simplemente, a desconocer algo. Y ya que nadie nace aprendido, ni nadie se desenvuelve en todos los ámbitos del saber y, desde luego, no todo el mundo ha disfrutado de las mismas oportunidades; no es nada de lo que haya que avergonzarse necesariamente[2]. Sin embargo, la ignorancia supone un caldo de cultivo perfecto para que proliferen los fraudes y los engaños, los miedos, las dudas, las respuestas emocionales y desproporcionadas. La parte buena es que, frente a esto, siempre se puede educar. Y en eso todos tenemos responsabilidad.
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“¿En qué momento la ignorancia se convirtió en un punto de vista?” pregunta Dilbert. (Mi opinión es que tiene que ver con algunos mitos democratiformes).

  • Demencia: o el desequilibrio mental que, dice la wiki, es cuando alguien desarrolla “delirios enfermizos”, y realiza “actos extraños y destructivos”. Y en esto también hay grados, claro. Desde luego que hay psicopatologías que llevan a uno a ponerse sombreros de papel de plata para que no le lean los pensamientos los reptilianos. Pero hay que reconocer que todos tenemos una tendencia innata a desactivar la razón en determinados momentos y por eso funciona la…
  • Sugestión: Ese punto que, sin ser enfermedad, nos hace a todos vulnerables a la manipulación, al uso interesado de nuestros sesgos cognitivos. Y también, por supuesto, al llamado “pensamiento mágico“. Esa obcecación con dotar de sentido trascendente (mejor si tiene que ver con lo oriental y milenario) a cualquier evento del mundo y creer que éste va a plegarse a nuestros deseos de cualquier manera o dejarse alimentar por conspiranoias indemostrables[3].
  • Desesperación: Porque, humanamente, ¿quién no puede entender ésto? Recurrir a la magia, a lo irracional e indemostrable cuando no se ve solución posible, cuando todo está en juego y se agota el tiempo. ¿Quién se atrevería a juzgarlo? Yo no, desde luego.

Así que estos cuatro, en definitiva, me parecen casos de víctimas. De personas  que, en un momento dado, no han tenido los recursos necesarios o se les ha bloqueado la razón.

Supongo que esta visión generará profundas resistencias entre aquellos que se sientan aludidos. Pero no pretende ser un ataque. Ni siquiera condescendencia, ya que ninguno estamos libres de caer en cualquiera de esos grupos. Pero sí veo víctimas. Víctimas propiciatorias. Porque hacen falta muchas personas con combinaciones[4] adecuadas de estos tres componentes para que los laboratorios Boiron -las únicas farmacéuticas reprobables son las que utilizan principios activos, ya lo sabemos- sigan haciendo la caja que hacen. Para que Pamiés o Forcades sean reconocidos socialmente y con dinero público y qué vergüenza.

Pero la situación no sería tan grave si no fuera por el último de los elementos:

  • Maldad: Esa palabra rotunda y vieja es la única que se me ocurre, sí. Maldad. Porque es necesaria la maldad para sin ser demente, sin ser del todo ignorante, sin estar sugestionado o desesperado, facturar por infundir falsas esperanzas en un enfermo terminal. O para retrasar los tratamientos de quienes todavía no lo son con terapias inefectivas (¿verdad, Steve Jobs?). Para jugar con la vida de otros a cambio de dinero o prestigio, en definitiva. Buscar el beneficio propio a costa del ajeno es el acto definitorio del malvado.

Y por eso me sorprende ser de los pocos que solicitar para ellos responsabilidades penales. Por atentados a la Salud Pública[5]. Y parece ser que no es tan fácil. Porque nuestra legislación da a entender que “si le han timado, es que es usted tonto y se aguanta”. Desprotegiendo al débil, por ignorancia, por sugestión, por demencia, por desesperación [5].

Mientras tanto, y ya que no nos queda otro remedio, os dejo algunas medidas de detección de charlatanes. Sirva como profilaxis:

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*******************

[1] A alguna iniciativa me adherí, de hecho…
[2] Lo que no es excusable es la necedad. El hecho de no conocer aquello que “se puede o se debe saber”. (Hablé sobre esto en otra ocasión).
[3] ¿A que éste tema también va a salir en los comentarios?
[4] Se me ocurre que podríamos hacer un cuestionario, con preguntas muy concretas (al estilo de aquella vez) y presentar los resultados en un gráfico. “Su creencia en las pseudociencias se debe en un x% a su ignorancia, un y% demencia”, etc… ¿Quién me ayuda? Ahí están los comentarios. ;)
[5] Sobre esto publicaré más cosas en algún tiempo. Casi seguro.

7 comentarios en “Ignorancia, sugestión, demencia, desesperación y maldad

  1. Ya lo decía Henry Ford: ‘Thinking is the hardest work there is, which is probably the reason so few engage in it’ ;)

    Mencionar de paso un par de lecturas al respecto de lo tratado aquí que a mí me gustaron bastante: “¿Esto es paranormal? Por qué creemos en lo imposible”, de Richard Wiseman, y “Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo”, de Michael Shermer.

    1. Supongo que no es tanto el pensar o no, sino la actitud en el pensar. Más que el rigor, o incluso el método, es la actitud.

      Lo explica magníficamente el señor César Tomé, en esta serie de entradas:
      http://culturacientifica.com/2013/12/17/la-tesis-de-duhem-quine-y-vi-la-falsacion-ya-es-lo-que-era/

      (Te dejo la última porque tiene el índice completo) ;)

      Y gracias por las recomendaciones. ¡Tiene usted un culturón, señor Broca! :)

  2. El cuadro clínico de lo que llamamos “medicina moderna” está basado en principios estadísticos, básicamente darle al usuario (que no siempre es paciente) las mejores posibilidades de sanar. Ahora bien, hay prácticas extrañas como la acupuntura, la homeopatía o la quiropractia que han pasado en estadística al efecto placebo, lo que las vuelve legítimamente tratamientos. No faltaremos en señalar que para la medicina probabilística, estos ejercicios solo se recomiendan en los casos de determinados males y nunca bajo la idea de panacea (que estadísticamente no puede existir).
    Pienso que la mala comprensión de la estadística y del positivismo son definitivamente causas achacables a la ignorancia que hacen de este fenómeno un problema criminal. Nótese que no califico de razonable lo estadístico, la razón juega a otro nivel.

    1. Me temo que hoy no vamos a estar de acuerdo, Bent. (Por cierto, tengo pendiente contestar a tu comentario en la del animal que se domesticó a ti mismo, pero me está costando encontrar un rato como para poder contestar a la altura ;) ).

      Es cierto que la estadística cuenta, de manera crucial, para determinar si un tratamiento es o no válido como cura. Pero no seamos demasiado reduccionistas en ese aspecto. Las ciencias biosanitarias siguen tratando de encontrar las causas y los efectos, siguen basándose en pensamientos analíticos. Las cosas que funcionan sin saber -al menos orientativamente- por qué, son las que siguen sin dejar dormir a muchos investigadores.

      Al hilo de eso, es cierto, la acupuntura mejora al efecto placebo en determinados casos muy concretos de reuma, para calmar el dolor. Pero, ¿sabes qué? No hay absolutamente ninguna relación con meridianos, lineas de energía, chakras o demás misticimos (milenarios y orientales). Pequeñas punciones al azar funcionan de manera idéntica. (Se cree que está relacionado con la secreción de endorfinas).

      Sobre la quiropractia (puedes buscar en las referencias de la wiki los trabajos):
      “Las revisiones sistemáticas no han encontrado evidencia de que la quiropráctica sea efectiva, y en los casos en los que ha resultado positiva, los posibles riesgos asociados a la manipulación de las vértebras la desaconsejan.2 Una actualización de esta revisión encontró que la quiropráctica no es efectiva para ninguna afección médica.3 Una revisión Cochrane encontró muy baja evidencia de que la quiropráctica sea más eficaz que las intervenciones inertes, quiropráctica simulada o como una terapia adjunta para el dolor lumbar agudo o moderado.4”

      Y qué decir de la homeopatía:
      “La homeopatía carece de plausibilidad biológica11 y sus axiomas contradicen hechos científicos.12 Los mecanismos de acción postulados para los remedios homeopáticos son tanto científicamente implausibles,6 13 como físicamente imposibles.14 Aunque algunos ensayos clínicos producen resultados positivos,15 16 las revisiones sistemáticas revelan que se debe al azar, métodos de investigación defectuosos y sesgo de información. La persistencia de la práctica homeopática, a pesar de la evidencia de que no funciona, se ha criticado como no ética debido a que aumenta el sufrimiento de los pacientes al desalentar el uso de medicina real.17 La Organización Mundial de la Salud alertó contra su uso para tratar enfermedades graves como el sida o la malaria.18 La insistencia de su uso, a pesar de la ausencia de evidencia sobre su eficacia,5 6 19 ha llevado a caracterizarla dentro de las comunidades científica y médica como tontería,20 quackery4 21 22 o farsa.23”

      Yo creo que el verdadero problema en estos casos, en relación a lo que dices de la estadística, es que el eslógan más frecuente: “A mí me funciona”. Confundir la anécdota con el dato, atribuir sin rigor efectos a causas, etc. es lo que hace que mucha gente crea sin razón. Sugestión, que decía por arriba. ;)

      Un saludo!

      1. Existe ciertamente un espacio puramente anecdótico que desdice un poco el absoluto azar estadístico que acompaña la práctica médica. Sabemos, por ejemplo, que existen raros casos en que un tratamiento estadísticamente superior termina siendo perjudicial por razones que además terminan de ser conocidas. En el fondo cada reacción y cada caso tiene sus particularidades irrémédiables (otro ataque contra la panacea), y esto no cambia porque un número metódicamente propuesto sea mayor o menor en rango de sus posibilidades. No creo estar en desacuerdo con tu punto de vista, simplemente me parece que elegir el conocimiento encima de la salud en lo que concierne a la práctica médica es de una ética dudosa (aunque sea de mayor rigor científico). No querríamos privarnos del sicólogo que sana a su cliente mandándolo a rezar a la iglesia ¿o si?

  3. Me interesa mucho este tema y quiero introducir un aspecto más. Porque habláis de medicina y los multiples charlatanes e intrusos que intentan vender sus reikis, danzas y demas, pereo yo creo que, en general, la mayor parte de la gente con cierto nivel de educacion se da cuenta de q las camillas de calor o los poderes del limón en contra del cáncer suenan a patochada.

    Donde existe un problema, pero todavía mucho mayor (porque precisamente ni mucha gente educada piensa q es otro esoterismo) es en la salud mental. Psicoanálisis, sicoterapia dinámica, y suma y sigue con terapias q nunca han sido ni podrán ser probadas por la ciencia q funcionan (versus la terapia cognitivo conductual, o la medicación, por ej). Me gustaría q abordarais este tema (me han contado del congreso q preparais en Pamplona) porque más y más gente paga por estas terapias durante anios. Si eres Woody Allen y vives en Manhattan, pues supongo q da igual, pero al resto de los mortales… no. NI me meto enq ue estas terapias estén incluidas en al sanidad publica, algo q no deberia pasar jamás (no se si pasa en espania, yo escribo desde el Reino Unido donde aun queda residuo en el NHS… auqnue intentando hacerlo desaparecer).

    muxus

    di

    http://divagandodivagando.blogspot.co.uk/2010/01/el-timo-del-psicoanalisis.html

    1. Hola, Di. Perdona que me ha costado bastante responder a este comentario. Ya te puedes imaginar que el Curso de Verano que mencionas me ha ocupado casi todo mi tiempo que no estaba en el trabajo o durmiendo. Pero le tenía ganas.

      Lo que comentas es muy cierto. El psicoanálisis, las constelaciones familiares o muchas de las psicoterapias, llamémoslas, de “baja calidad” están muy presentes y rara vez se perciben como pseudociencias. En el curso, en varias ocasiones, los ponentes mencionaron esos temas -la mayor parte de las veces, sin incidir a fondo, es cierto-.

      En cualquier caso, desgraciadamente, creo que hay mucha más gente por ahí que cree, literalmente, en cualquier barbaridad que le digan. No es, ni mucho menos, un problema menor. (Pregunta, pregunta por ahí qué opina la gente sobre la homeopatía, por ejemplo). Y por alguna parte había que empezar. Confío en que este curso tenga algún tipo de continuidad o, incluso, de periodicidad.

      El curso entero, por cierto, lo puedes encontrar aquí:
      https://luistarrafeta.com/category/ciencia-y-tecnologia/curso-de-verano-2015/

      Por cierto, enhorabuena por tu página. ¡Te sigo! ;)

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