Hablar de ciencia y tecnología en la ficción (I)

Siempre que un lector se acerca a una obra de ficción, de cualquier tipo, se establece algún tipo de “pacto de lectura”. Un acuerdo entre el autor y el receptor por el que uno acepta lo que le están contando, dentro de unos límites, para poder meterse en la historia y que se le entretenga.

En ocasiones especiales, especialmente con la ciencia ficción y la fantasía, se produce un efecto aún más potente: la suspensión de la incredulidad. Dice la wiki:

“(…) representa la voluntad de un sujeto para dejar de lado (suspender) su sentido crítico, ignorando inconsistencias de la obra de ficción en la que se encuentra inmerso (como por ejemplo la existencia del unicornio), permitiéndole adentrarse y disfrutar del mundo expuesto en la obra. El término se ha aplicado tradicionalmente a la literatura, al cine y al teatro, pero también puede aplicarse al ámbito de los videojuegos”.

Y también al porno, añadiría yo. Pero eso ya es otro tema. :D

De alguna manera, si un lector/espectador no es capaz de firmar este pacto, de aceptar la existencia de elementos diferentes a nuestra experiencia del mundo, no estará interesado en seguir. Es decir, no será el público de esa obra.

Sin embargo, eso no significa que no haya una serie de normas bastante claras de cara a narrar historias en universo “alternativo”. Los motivos por los que podemos tragarnos sin problema que la ciudad de Nueva York esté infestada de zombies, pero no nos creemos que la pistola del protagonista tenga tantas balas. (En su momento, Raúl preparó una sesión muy recomendable al respecto, titulada: “Fantasía y Verosimilitud“).

¿Pero qué ocurre cuando lo que queremos es hacer uso narrativo de la ciencia y la tecnología?

Pues que nos podemos meter en jaleos tremendos.

Porque, como dice la minoritariamente celebérrima Tercera ley de Clarke:

Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Lo cual significa que “en el futuro” o “en un planeta muy lejano”, básicamente, todo sea posible. Los interesados en escribir utilizando ese tipo de conceptos corren el riesgo de dar dieciséis saltos mortales sin red ni rigor y, alegremente, llenar sus historias “Deus Ex-Machinas” y atentados contra la narrativa.

Desde este punto de vista, he pensado que podía dar intentar reunir tres pequeñas formas de ayuda para aquellos que quieren escribir ficción sobre ciencia, o ciencia ficción, o utilizar elementos tecnológicos extraordinariamente avanzados.  Y son estos:

 1.- Sobre el contenido

Antes de ponerse a escribir ficción con ciencia, habría que tener un conocimiento, al menos mínimo, funcional, en los temas que se quieren tratar. Uno siempre puede encontrarse con lectores expertos en la materia, que sepan demasiado. En ese caso hay que conseguir, al menos, que no se sientan expulsados por decir “sinsentidos”.

He intentado categorizarlos un poco:

  • Culturilla – Desde un punto de vista general, este es el que más sustos puede dar. A mí, personalmente, me resultan más imperdonables que las faltas de ortografía. Me refiero a errores en cosas como:
    • Geometría básica: Confundir “área” con “volumen” o “círculo” por “esfera”, por ejemplo. Son cosas tan básicas que, cuando me las encuentro -y no es tan raro- dejo de leer.
    • Bloques constitutivos: A estas alturas de la vida, ver que en un texto se utiliza de forma alegre conceptos como “átomo”, “célula”, “molécula”, “elemento”, etc… es como para mandar al autor de vuelta a la escuela obligatoria.
    • Magnitudes: Si se van a dar cifras, hay que usarlas de manera sensata. Una bomba que mate a “miles de millones de personas” es para que las cejas se levante como a resorte. Distancias, tamaños… Si se va a dar un número, que sea coherente en su contexto, por favor.  (Una vez toqué este tema específicamente).
    • Errores comunes: Hay un artículo fantástico en la wikipedia (curiosamente, no está en castellano) llamado “Common Misconceptions“. Habla sobre todas esas cosas que “todo el mundo sabe”, pero que son mentira. Las avestruces no esconden su cabeza debajo de la tierra. El agua no gira en el desagüe en un sentido u otro según el hemisferio en que se encuentre. Edison no inventó la bombilla. Hay un montón de ejemplos como estos. Y, aunque puede ser justificable cometer algunos errores en ese sentido, conocer el hecho real puede ser un material magnífico para enriquecer las historias.
  • Usos absurdos de la informática: Hay infinitud de ejemplos, pero suelen llevarse la palma los relativos a hackers y seguridad informática. Para corregir la mayoría de “inconsistencias”, no estaría de más familiarizarse con unos pocos conceptos básicos como autenticación, autorización, vulnerabilidad, exploit, man in the middle o denegación de servicio. Un ejemplo de traca, dos tipos usando el mismo teclado:

O el hacker del Windows Media Player

(Y del de Operación Swordfish, ¡ni hablo! :D)

  • Biología – Sospecho que pocos guionistas entienden de verdad lo que es la evolución*. También suele ser impresionante el dominio de la ingenieria genética que tienen los proyectos de ingenieria genética del ejército. A menudo, totalmente incompatibles con las vida tal y como la conocemos. Y, las que no conocemos, como las alienígenas, desafían los principios más básicos de la termodinámica. Por ejemplo, alterando su cantidad de masa y/o energía de manera irracional.
  • Medicina – Desde luego que hay infinitos conceptos médicos que se utilizan alegremente. Sin embargo, creo que la existencia de un mercado muy concreto al que atender les da una ventaja. Me refiero a ese personal biosanitario que, después de sus maratonianas jornadas de trabajo, encienden la tele para ver más de lo mismo (ya, yo tampoco lo entiendo). Eso hace que haya más productos relativamente confiables o que, al menos, se lo curran un poco más. Aún así, parece que pocos se salvan de la quema si nos ponemos rigurosos.
  • Química: Esa ciencia maravillosa que hace que cualquier cosa sea a) corrosiva en extremo (como si los reactivos jamás se convirtieran en productos) o b) explote a lo loco. Y no hay casi nada más**. El concepto de la química de los escritores y guionistas, debe de ser aproximadamente el mismo que el de los que propusieron las normativas de seguridad de los aeropuertos.
  • Física – Posiblemente donde más gambazos y/o usos abusivos se cometan. Podríamos hablar, entre otras muchas cosas, de:
    • Las leyes de newton, esas grandes desconocidas: Por ejemplo, disparos que sacan volando tres metro para atrás al que lo recibe, pero deja en su sitio al que lo realiza. Una vulneración en toda regla del principio de acción y reacción.
    • Las radiaciones: Ondas mágicas que están por todas partes y cuyos efectos lo explican absolutamente todo. Además, confundir las electromagnéticas con el fenómeno de la radiactividad está generalizado. Por un lado, es cierto que existen relaciones entre ellas (durante la radiactividad se pueden generar rayos gamma, que son ondas electromagnéticas), pero -un poquito de por favor- eso no significa que todo valga.
    • El Espacio: La desaparición de la gravedad, las explosiones sonoras, etc, etc… Aquí mejor os dejo con el fantástico artículo que hizo para Naukas Daniel Marín.
    • La termodinámica, otra gran desconocida. El uso del término “energía” para cualquier cosa, y sin que se cumpla uno de los principios más sagrados de la física: su conservación. Un ejemplo estupendo, y muy bien traído por el Profesor Épsilon en sus “Patadas a la ciencia” es el de Matrix:

Patadas a la ciencia 02 matrix 

  • Y podríamos hablar muchísimo de la física más avanzada. La teoría de la relatividad, la  mecánica cuántica o la teoría de cuerdas ha hecho volar la imaginación de muchísimos escritores y/o caraduras en auténticos saltos sin red. Es cierto que la física del último siglo ha alcanzado unos niveles de post-racionalidad intensos. Realidades contrarias a nuestra intuición y experiencia del mundo. Pero eso no debería aprovecharse  para dar entrada a la magia y a lo irracional sin el menor criterio. Varios ejemplos estupendos de cómo corregir estos desvarios lo realizan en “Cuéntos cuánticos” (¿qué voy a añadir yo a eso?). Pero, de cara a alguien que quiera escribir sobre estas cosas, le recomendaría empezar por conocer bien a Newton. Y ya iremos llegando.

(Continuación)

**************

* En este listado de “conceptos científicos que usamos de manera incorrecta” lo incluyen. Entre otros.

** De acuerdo, también están las drogas.

9 comentarios en “Hablar de ciencia y tecnología en la ficción (I)

  1. Sin la suspensión de la incredulidad, la pelis de James Bond no habrían funcionado, obviamente. El caso es que uno las repasa hoy, especialmente las de la etapa de Sean Connery, y le entra la risa: puertas que se abren solas sin intervención de una mano en un picaporte, conversaciones telefónicas que incluyen imagen del interlocutor, transmisores ocultos en un reloj y cámaras fotográficas en un bolígrafo… parecía ciencia-ficción, y todos esos gadgets hoy han sido ampliamente superados, parecen verdaderas antiguallas. Si Sean Connery tuviera que emplear esa tecnología hoy, no duraría vivo lo que un pastel a la salida del colegio. Buena muestra de que aquéllos guiones no estaban tan mal escritos.

    1. Sin duda, las pelis de James Bond tuvieron algo de “visionarias” en lo que respecta al uso de determinadas tecnologías. (O, tal vez, de bien documentadas). Y, en ese respecto, sí. Tienen un punto.

      En la segunda parte del post, pongo un vídeo de Arthur C. Clarke en el que el tío dice que las predicciones sobre estas cosas pronto resultan extremadamente conservadoras o totalmente equivocadas.

      Sin embargo, lo que me resulta menos interesante es que eso convertía a JB en un ser “único”, “mágico”, con “poderes especiales” que nadie más que él tenía. Convirtiendo la película en una trama, a mi parecer, menos valiosa. Personalmente, prefiero que esas capacidades especiales cambien la sociedad, la forma que tenemos de vivir y, al mismo tiempo, se siga viendo lo “humanos” que somos.

      La serie “black mirror”, por ejemplo, juega con eso de forma magistral.

      1. Por cierto, al leer este post me acordé de una novela de Trevanian, “Shibumi”, publicada hacia 1980. Literariamente no es ninguna joya, pero en la trama juega un papel fundamental la existencia, en manos de la CIA, de una computadora a la que llaman “Fat Boy”. Gracias a ésta la agencia consigue conocer al momento todas tus transacciones con tu tarjeta de crédito, tus viajes en avión, tus registros médicos… en fin, todo sobre ti. En los 80 esta no era posible, pero sólo 20 años después…

  2. Soy incondicional contigo ;)))
    Le estaba explicando a mi santo (que diría Elvira Lindo) todo esto y no sabes las veces que él me comenta este tipo de cosas.

    Por cierto, aún no la he visto, pero él coincide en que Black Mirror es genial :))

    1. Si tu “santo” es de los que se hacen cruces con estas cosas, supongo que lo pasará muy mal a menudo. Te aseguro que pocas veces he tenido menos problemas para buscar ejemplos. ;)

      A mí me queda pendiente la segunda temporada de Black Mirror. Pero la primera es cosa de la güena!

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