Puesta de largo

El otro día me tocó dirigir un acto poco habitual. La presentación de un libro, “El Quebrantar de las Almas” se llama. Una novela de fantasía heroica, con los elementos habituales del género y mucha, muchísima acción. Para el que sepa algo de esto, decir que está ambientada en un mundo muy de “Reinos Olvidados“, más concretamente ligada a la saga de “El Elfo Oscuro” de R. A. Salvatore.

Hasta aquí normal.

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Pero, después de comentar el libro en sí y mencionar sus méritos, me había preparado para decir esto (es mentira, en realidad lo dije mucho peor, pero como aquí puedo dejar escrito lo que me da la gana…):

Tengo que reconocer que me ha resultado muy difícil preparar esta charla. Porque no es habitual presentar un libro escrito por una persona de 14 años. Le he dado muchas vueltas porque a uno le sale ponerse aleccionador o paternalista o inspirador u otro montón de movidas con las que ni me siento cómodo, ni me corresponden.

Lo estuve pensando hasta que me encontré con un tuit que no puedo atribuir (vergoña)  y que decía algo parecido a esto:

“Me he dado cuenta de que cuando un mayor me dice lo que tendría que hacer a mi edad, en realidad está hablando consigo mismo cuando tenía mi edad”.

A mí me pareció absolutamente revelador. Y he pensado que no voy a soltarte a ti, Sergio, lo que le diría a mi proyección de los catorce años en ti. Y que lo mejor que podemos hacer es, sencillamente, hablar. Que te quiero entender, que quiero que me cuentes qué te lleva a ti, a tu edad, a escribir una novela como esta en lugar de andar jugando al fútbol o a la PlayStation o lo que sea que hagas“.

A partir de ese momento le hice un montón de preguntas. No me da la vida para transcribir todo lo que se dijo, pero está claro que Sergio contestó de manera muy válida a todos los “¿qué buscas?”, “¿qué sensaciones tienes?”, “¿cómo es tu proceso de trabajo?”, “¿cuáles son tus referentes?”, “¿qué te dice la gente de tu entorno?”, “¿hasta dónde quieres llegar?”, “¿qué has aprendido?”, y “¿qué quieres aprender?” con los que le estuve bombardeando durante más de media hora y el resto de preguntas que le lanzaron desde el público.

Quedó claro que Sergio escribe lo que le gustaría leer, que tiene tenacidad y constancia, que es consciente de la dificultad de vivir de la literatura, pero que pretende disfrutar de ello por el camino, que entre sus compañeros de clase ha tenido un gran éxito muy minoritario y que ha aprendido cosas sobre el valor del dinero. Adelantó, además, que ya está escribiendo el segundo de la saga.

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Ya, ya sé que no se le ve al chico apenas. Pero es que es menor de edad y eso… (Gracias por la foto, Maite)

A Sergio le acompañaba Nicolás. Asesor, editor y, sobre todo, padre. Que se sentó a su lado a corregir aspectos del texto durante la escritura, que más tarde decidió que no quería que el libro que había escrito su hijo se quedara como unas cuantas hojas impresas cogiendo polvo, o abandonado en cualquier disco duro y se lanzó a la aventura de la autoedición. Otro tema que da para hablar largo y tendido.

De manera que, si alguien tiene especial curiosidad, aquí puede escuchar la charla completa (la calidad es flojilla, retumbaba bastante el auditorio, pero se entiende):

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Después de todo aquello, dudé. Pero al final le pregunté a Sergio, ahora que ya lo conocía un poco más, si me dejaba regalarle un consejo de cara a la escritura, para que hiciera con él lo que quisiera. Y no se negó. Claro, en menuda encerrona le había metido al pobre. Y dije:

El consejo, es muy simple: sé muy libre.

En tu relación con la escritura y la creatividad, sé muy libre. Y esto lo digo, al menos, en dos sentidos.

El primero, es que seas libre desde la libertad que te da el conocimiento. Que aprendas qué recursos están a tu disposición de cara a escribir. Que domines cuanto puedas el método y la técnica y que practiques mucho. Porque en arte no hay formas que estén absolutamente bien o estén mal de hacer las cosas. Casi te diría que desconfíes de quien te diga lo contrario. Pero estoy seguro de que, cuanto más domines el lenguaje de la narrativa, mejor conseguirás que cada aspecto del texto sea una decisión tuya, propia, que no te limite. 

El segundo, más importante aún, es que seas muy consciente de que tú no eres tu texto. Esto es algo difícil de asimilar para algunos pero, si lo consigues, te hará más libre. Es normal poner mucho de uno mismo en un texto. Pero, cuando lo termines, desvincúlate de él. Esto es bueno siempre. Ante la crítica positiva, y ante la negativa. Recuerda que eres una persona y eso te hace capaz de generar obras mejores y peores. Y que cada una tendrá su público, que no será todo el mundo, pero que las reacciones al texto no son –no deberían ser nunca– reacciones a tu persona”.

Dicho lo cual, le pedí perdón por la impertinencia de haberle dado un consejo sin que me lo pidiera y le dejé firmando libros.

Vendió todos los que trajo.

Ya tiene reservada su PlayStation 4.

9 comentarios en “Puesta de largo

  1. Siempre me da la impresión de que todo lo que haces y todo lo que dices contiene mucha sabiduría.
    Los que te conocen mejor seguramente no opinarán igual… :) :) :)
    Espero que nunca dejes de transmitir tus pensamientos por el medio que sea.
    ¡Mucha suerte para Sergio L. Equiza!

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