Génesis

4. Entonces plantamos un parque.
Tres metros cuadrados
de acolchado y voces quedas.

De nuestra piel
nutricia   brotó
el bosque de los juegos.

Árboles carnales
nacidos de gérmen y pulsión
y de tacto que estremece.

En el centro del parque
se alzó el árbol del Mañana
de cuyo fruto, aceptaste,
no habíamos de comer
por no ser domesticados.

Pero yo me buscaba

en tus besos
irracionales y hambrientos.

Y tú te encontrabas

en mis ojos
indescifrables y tristes.
Y estábamos los dos desnudos,
sin sentir vergüenza.

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