Observadores

TERCER OBSERVADOR

En esto él es distinto a otros. No es como ése tan joven que me señala y se ríe, ni como la vieja que me vuelve la cabeza. Él me mira siempre en silencio, sin perder detalle. Observa detenidamente el movimiento de mi pelvis cuando ella se deja montar. Entonces me olvido de todo, hasta que me sacude el espasmo y me giro a buscarlo. Y él me sigue mirando, salvo para sacar esa cajita que lleva de fuerte olor a hierba seca. Saca una barra, la apoya en su boca y le da fuego. Viene hacia mí, me da una palmada en el lomo y nos paramos juntos a ver como ella se aleja con la cabeza gacha.
Más tarde, en casa, me dará de comer, puede que me limpie y me encerrará en el cuarto de la alfombra. Sin haber terminado de girar sobre mí mismo para aplanar las hebras, le oiré sentarse en el sofá desde donde seguirá mirando todas las cosas que se encierran en la caja del salón. Seguramente quemará algo de carne y algo de hierba, y se quedará allí hasta tarde. Observando, sin mí, a las personas de la caja.
Pero esta noche llega a casa mucho más tarde que de costumbre. Más vale que ha venido, ya no podía aguantar más. Mete mucho ruido contra las paredes del pasillo y me llama por mi nombre. Oigo el tintineo de la cadena, y en cuanto abre la puerta de mi cuarto salgo corriendo hacia la entrada. Él, riendo, me engancha la cadena del collar y abre la puerta.
Es muy de noche. Llegamos al parque y me paro en el primer árbol. Mucho mejor. Ahora caminamos despacio. Nos alejamos de las carreteras, vamos adentrándonos en las zonas más oscuras del parque. Él se sienta en un banco y yo me paro a olisquear el tronco de un ábeto. No conozco al terrier que lo ha marcado.
Oigo unos pasos de zapatillas blandas, y al poco, el viento me trae un olor a fruta dulzona. Él se levanta, y me ata a un árbol. Después, se dirige hacia ella. Hablan un momento, la agarran, forcejean. Por fin, la arrastra fuera del camino, tras un seto que me impide ver. No hace falta. Escucho respiraciones, desgarros, y huelo a hembra y a macho y huele a miedo.
Al poco, él vuelve atándose el cinturón. Me suelta y nos vamos. A lo lejos, le veo salir a ella. Avanza un pie en una dirección, el otro en otra, el uno intenta seguirlo, el otro vuelve atrás, se tambalea, se detiene, agacha la cabeza y vomita.

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