Yo somos muchos*

Entonces tu consciencia diverge. Toma aspecto de otredad.

Así te acompañas, incluso en tu soledad más íntima.

Sin  buscarlo, tal vez sin ser consciente, te disocias. Estableces un diálogo con ése tú de fuera. O, en ocasiones, creando fantasmas de futuro y pasado extrañamiento.

¿Te has fijado alguna vez en cómo te tratas?

¿Cuánto te justificas o denuncias?

Tras una torpeza, te impones la segunda persona. Puede que te increpes, –¡so idiota!-, o te adviertas, –te estás volviendo descuidado-. O hagas equipo contigo y entonces –¡vamos!-.

En situaciones del recuerdo, tal vez haya lástima o nostalgia de ése yo remoto. Pero hablas de aquel como de otro, con la tercera, –no tuvo culpa-, o quizá te justifiques –sólo fue un accidente-.

Sí, quizá debieras estudiarlo.

Quizá tengas algo que aprender.

Por ejemplo, si te quieres.

O respetas.

No es lo mismo, no.

En un silencio a solas se hace casi audible. Comparte incluso la voz de oído interno.

¿No es verdad que suena?

Existen, en cierto modo, las palabras.

Sin embargo, cuando alguien aparece, tampoco se va. Ningún diálogo se restringe a dos personas. Estás tú, está el otro y, al menos, un reflejo por persona.  Un espectro silencioso con el que escucharse desde fuera. Un interlocutor duro, por cierto, que te exige siempre su aprobación. Qué maldito. Crees -y estás en un error- que si le convences a él, convencerás también a la otra persona.

Y cuando no es así, qué fracaso inexplicable. Que frustración y desconcierto.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/pixx0ne/2182881468/">[ changó ]</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/">cc</a>

Nunca habías pensado tanto en ello. Pero caes ahora en que quizá sea aquel amigo que te enseñaron a llamar imaginario.

En tu primera infancia, ¿recuerdas?.

En aquel periodo tenía auténtica presencia. Tanto, al menos, como las criaturas que te aterraban en la cama o el dios al que rezabas.

Con el tiempo aprendiste a no hablar de él. Creíste haberlo desterrado.

Quizá no fuera así.

Tal vez dejó a ése fantasma.

Al que te debes.

.

Con una voz así quisiera hablarte en este texto. ¿Lo intentamos?

.

****

*El título se lo debo a Sanchís Sinisterra y un magnífico ejercicio de escritura del que pude participar una vez.

Otros textos  “desde dentro de tu cabeza“.

8 comentarios en “Yo somos muchos*

  1. Yo también reconozco que soy varios. Lo importante es respetarlos y quererlos a todos y, para maximizar tu potencial y vivir en equilibrio, hacerlos trabajar en equipo y dar protagonismo al que corresponda en cada momento.
    En mayor o menor medida todos tenemos subpersonalidades. Cuanto antes las reconozcamos mejor.
    Una gran artículo Luis, enhorabuena!

  2. Eso era, eso exactamente. Esa sensación extraña y difusa que a veces aparece en la cabeza o en las tripas para mostrar antiguos episodios o escenas vividas hace no tanto.
    La has condensado en palabras.

    Me ha encantado. Y me va a venir fenomenal. Cosas mías…
    Un beso.

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