Maestría y suerte (II)

Pues nos lleva a pensar que la tendencia que tenemos a mantener aquello que creemos que es correcto puede ser un lastre. Que puede ir contra la lógica elemental. Como en el caso del mastermind.

A veces ocurre que hemos fracasado con algo de manera parcial y creemos que tenemos que partir de repetir los aciertos y mejorar en lo que fallamos para lograr el éxito. Parece sensato, pero sólo es lógico en el caso de que sepamos separar exactamente lo correcto de lo incorrecto.  Y eso, en el universo complejo de nuestras aspiraciones, puede ser a veces extremadamente difícil de conocer. ¡Hay que romper con eso, señores!

Supongo que tendrá que ver con esa “aversión a la pérdida” de la que habla Kahneman (al que ya invitamos a esta página hace un tiempo) por la que “un individuo prefiere no perder 100 dólares antes que ganar 100 dólares”. La cosa es que, matemáticamente, en algunos casos puede significar lo mismo.  Como en los concursos de la tele… ¡La caja, la caja, quédate con la caja!

Un fracaso total y sin fisuras, puede resultar algo muchísimo más enriquecedor para nuestra vida que un éxito a medias. No dice ninguna tontería er Robe cuando dice “Hablo desde la sabiduría que me da el fracaso“.

 

Qué gran foto, ¿eh? - No, no es mía... :P

Pienso en el MasterMind y en esa frase cuando digo -medio en broma medio en serio- que una de las mayores suertes que he tenido en mi vida es que mi primera novia fuera tan inadecuada para mí. A partir de ese momento huyo de todas las que me recuerdan a ella. Y me ha ido mucho mejor, por cierto.

Así que, ánimo, cometamos unos cuantos errores. Y pronto mejor que tarde. Porque si no nos provoca algún tipo de lesiones irreparables -0 muertos, 0 heridos- entonces habremos tenido mucha mucha suerte.

7 comentarios en “Maestría y suerte (II)

  1. Yo soy de la opinión de que al menos en nuestra sociedad (no lo sé en otras), se ha producido una estigmatización muy fuerte del error y del fallo. Y así nos vuelven inválidos, sin recursos para reaccionar y para afrontar una situación de fracaso, que no es sino un cambio de condiciones y situación respecto a lo inicialmente previsto o proyectado. Nada más. La vida es realmente neutra, ni buena ni mala, y van pasando cosas. Otra cosa es cómo nos afecten. Cuando pienso en esto, pienso en los primeros hombres de las cavernas y me imagino sus formas de supervivencia…

    Da la sensación cuando uno emprende algo, que tiene que llegar al éxito en lo que emprende, aunque la verdad tampoco queda muy claro, y habría que discutir, qué es el éxito en eso que ha comenzado.

    ¿Es un éxito ser “jefe” (como les encanta a algunas madres decir esto de mi hijo es jefe, que se añade al dicho inicial de “mi hijo va a la universidad”) para cobrar un montón de dinero (sí, eso puede estar bien), pero vivir estresado, dedicado prácticamente de forma exclusiva a trabajar y sin tiempo para gastar lo ganado? Para algunos, puede serlo. Para otros, no. Pero que no lo vendan como la norma común, mismo rasero para todos.

    De todos modos, en cuanto se produce lo considerado como “fracaso”, uno tiende a mirar (y socialmente se promueve) en negativo todo lo anterior y en ocasiones, su propia persona. De esto también hablaba Kahneman ¿no? Pero que algo acabe como no esperabas o querías, no significa que lo que ha sucedido hasta el punto de fracaso sea malo.

    Si tomamos el ejemplo de las relaciones personales que comentas, que algo no acabe en un objetivo que uno se había marcado, no quiere decir que lo que hasta entonces ha vivido no tiene valor. Puede tener valor según muchos baremos, aunque sólo sea para saber lo que no se quiere.

    Creo que se debería promover más la visión del valor de las cosas por lo que son, no por lo que podrían llegar a ser. Y promover que es genial meter la pata, saludable, además de recomendable. Lo único que hace falta es contar con herramientas suficientes para hacer frente a las consecuencias de una metedura de pata.

    En realidad, el éxito de preservación del ser humano y otras especies no depende de éxitos sonados, sino de la capacidad de cambio y adaptación ante condiciones adversas… Técnicamente, el ser humano actual es capaz de adaptarse a muchas situaciones. Pero ¿y emocionalmente? Creo que en eso hay una nota muy muy baja, que se agrava más por la velocidad de los cambios en el mundo en que vivimos… Tiempo al tiempo…

    1. Sí, lo del éxito y el fracaso se vive mucho en la mentalidad de “winners” y “losers” que estamos heredando de los USA. Me parece una división muy peligrosa, porque a menudo se utiliza para hacer de lo que es un hecho (conseguir algo o no) en una característica de la persona. Y eso sí que estigmatiza.

      Lo que tengo muy claro es que el proceso hasta llegar a un fracaso puede ser mucho más enriquecedor que un éxito en sí mismo.

      1. totalmente de acuerdo… con todo

        y también en lo de los USA, basta con rascar un poquito, y es fascinante como lo tienen socialmente enquistado hasta el punto de fingir de forma muy infantil… ¿y ése es nuestro modelo social y emocional? ay ay ay

  2. Creo que una de las mejores consecuencias del fracaso, además de lo que habéis expuesto sobre el aprendizaje, es perder el miedo al fracaso.
    ¿Sabéis lo que nos decían en la Universidad (es fácil adivinar en cuál)? Que éramos libres pero que si tomábamos las decisiones incorrectas nos volvíamos menos libres para tomar las siguientes decisiones (y ponían el “original” ejemplo de las drogas). En resumen: trataban de meternos miedo.
    Afortunadamente, a poco que se viva (para eso hay que vivir, claro, salirse de estas argumentaciones tan sólidamente muertas) uno se da cuenta enseguida, de que, en realidad, es justo al revés.

  3. Creo que acabas de dar en el punto importante, Ana.

    De críos, aprendemos por la insensatez y temeridad propia de esa edad… probando.

    Vale que el prueba y error no es la única forma de avanzar en la vida, que para eso se va aprendiendo cada vez y se pueden centrar mejor las decisiones. Pero las ganas por probar, tienen que seguir ahí, hasta la vejez, hasta la muerte. Da gusto ver a algunos mayores cómo mantienen esa ilusión y se lanzan a hacer cosas, a veces más vivos que muchos jóvenes.

    El miedo, es la forma más poderosa de manipulación y aniquilación de las personas… por eso lo potencian tanto desde muchos ámbitos. No hay ser más “peligroso” que aquel que no tiene miedo… El anfitrión del blog podría escribir algún día sobre esto, seguro que tiene buenas ideas al respecto ;) ahí que lo lanzo…

  4. Jejeje

    da gusto ver que empieza a haber conversación entre los propios lectores. :)

    veo tu guante, someone, no descarto escribir sobre ello algún día.
    pero me parece que más bien eres tú quien está ya reclamando su propio blog. ;)

    gracias!

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