Exclusividad

Vamos con otro absurdo.

Cada cierto tiempo sale en prensa una noticia sobre una subasta de obras de arte. Resulta que algún multimillonario ha pagado una cantidad absurda de dinero por una pieza. Podríamos hablar ahora del mercado del arte, de los 12 millones de dolares que costó el tiburón en formol de Hirst y esas cosas…

Ya sabemos que el arte es una buena inversión -ya que casi siempre se revaloriza- y además uno hasta está comprando imagen. “Soy tan culto que me dejo 12 millones de dolares en un animal disecado que se llama La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo”.

Pero, en realidad, ¿por qué es tan caro este tipo de arte? En mi opinión, porque son obras hechas de átomos, de materia. Porque estoy marcando una exclusividad, una diferencia. Porque si la tengo yo, ya no la tienes tú. Chincha rabiña que yo tengo una piña llena de piñones y tú no te los comes.

Luego está otro tipo de arte. El arte que está en la interpretación. Esto es, el de las artes escénicas. Este arte es mucho más barato. Porque podemos ir mucha más gente a un concierto o a una obra de teatro. Porque puede hacerse muchas veces. Porque es efímero. No se puede poseer.

Pero bueno, entendemos que por ver a Paco de Lucía en directo se puede pagar 80€ (o lo entendemos a regañadientes), o que un montaje teatral especialmente aparatoso puede valer del orden de esa cantidad de dinero. Al final, sólo van a dar X bolos por gira. Y, como dicen amigos mios, “nunca sabes cuando se va a morir el cantante. ¡Así que hay que ir!”

Sea verdad o no, es cierto que pagamos por decir algún día “Yo a aquel lo vi en el Festimad de 2005, cuando todavía estaba en plena forma”. Y eso también marca una especie de exclusividad. Sin embargo, aquí nos arriesgamos a que alguien nos conteste “Pues yo lo vi en 2003, 2005 y 2007. Y el del Festimad fue el peor de los tres”. Cómo jode eso, ¿eh?

Por último está el arte que es arte como información. Y este es, con mucho, el más barato de los tres. El del libro, el disco o la peli. Para no meternos en jaleos muy técnicos de bits y bytes, me refiero a todo ese arte que te puedes descargar de internet y es indistinguible a la experiencia real. Es decir, no un DVD de un concierto, sino el disco de estudio.

Aquí es donde la cosa ya se pone absurda de verdad. Resulta que sale más caro comprarse el último de Lucía Etxebarría -en tapa dura- que un “Crimen y Castigo” -de bolsillo-. Resulta que las obras maestras están a precio de saldo. Que cumbres de la literatura -a todas luces superiores al tiburón de Hirst en lo suyo-, cuestan menos que un cubata. Y que la pasta hace nuevamente referencia a su exclusividad -que es ninguna, porque basta con cogerlo en la biblioteca o de gratis en internet-.

Nuevamente el precio no guarda ninguna relación con la calidad de la obra.

…pero, ¿quién ha hablado de calidad hasta ahora?

Un comentario en “Exclusividad

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