¿Son los gays más sensibles?

Lo decía el otro día la Ángelica en un florido debate en facebook: “víctimas del machismo somos tanto las mujeres como los hombres“.

Y estoy absolutamente de acuerdo.

(“Un momento“, diréis, “pero el post no va de eso, ¿no?.”  Esperadme, que ya llego).

Para entender mejor en qué sentido los hombres son víctimas, creo que está muy bien esta charla de Joe Ehrman (vía Edurne Foralette):

Se pueden activar los subtítulos. Desgraciadamente, están en inglés y son automáticos y, como decía un exjefe mío, “automatización es limitación”. Así que resumo, muy básicamente, lo que más me interesa para esto:

  • Desde muy pronto, los niños* reciben una orden, un mandato cruel: “Sé un hombre”.
  • Con ello se censuran, se fuerzan a eliminar ciertos comportamientos. Simplificando: la expresión de las emociones.
  • El niño aprende que eso es “femenino”, ergo “negativo”.  Horror.
  • Ese “sé un hombre” está asociado a tres mitos, tres mentiras que se siguen repitiendo generación tras generación. Y son que la masculinidad va asociada a:
    • Habilidades de competición atlética.
    • Conquistas sexuales (que no emocionales).
    • Éxito económico.
  • Y esas son las tres metas que se potencian siempre. El espejo en el que los hombres deben mirarse.
  • Pero la represión de las emociones les lleva a la alexitimia. Es decir, a la “incapacidad del sujeto para identificar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para darles expresión verbal”. Según la American Psichologycal Association, hasta el 80% de los hombres en EEUU sufren algún grado de alexitimia. (Ahora es cuando todas las chicas estáis afirmando con la cabeza… ;) ).
  • El hecho es grave. Porque si uno es incapaz de entender o admitir los propios sentimientos, difícilmente podrá hacerlo con los de las personas que le rodean. Es decir, se crea un desorden de déficit de empatía. El gérmen de toda clase de violencia: de género, bullying, etc…
  • Además, tiene otras severas consecuencias para el hombre. Como el aislamiento, la depresión (a menudo encubierta), que puede derivar en el abuso de sustancias, comportamiento asocial, etc…
  • Así que, según Ehrmann, ¿en qué consiste ser un hombre realmente? Pues resulta que, oh sorpresa, no difiere absolutamente en nada de lo que es ser realmente una mujer:
    • Ser capaz de establecer relaciones completas, de amar y ser amado.
    • Haber hecho una aportación al mundo. (Adquirir un compromiso con algún tipo de causa).
  • De cara a la satisfacción con el proceso vital de una persona, son los dos únicos factores que importan. Porque, tal y como está definido el éxito masculino -los tres mitos de arriba- uno nunca puede darse por satisfecho del todo, ni de forma perdurable, en esos competiciones contra el mundo. Pero, sin embargo, uno sí puede sentirse muy satisfecho en lo relativo a las dos de abajo.

photo credit: jef safi via photopin cc

Lo que tú quieras, tío…“, me dice ahora el otro, “pero… ¿y el título del post?” Pues ahora vamos.

Que yo venía a cuestionar el cliché ése de que “los gays son más sensibles”, ¿cierto?

Porque… ¿Lo son, no?

A pesar de que, a priori, no parece evidente que deba existir ninguna relación entre la orientación sexual de una persona y su capacidad para conocer sus propias emociones o empatizar con las otros, ¿no os parece?

Pero sobre esto, no encuentro estudios ni trabajos. Así que hoy voy a hablar desde la intuición. Y lo que entiendo es esto:

Creo que la parte visible* de la comunidad gay son hombres que no han tenido más remedio que romper, voluntaria y activamente, con los mandatos y la normatividad del “sé un hombre“. Han debido aprender a cuestionar esas marcos de referencia ante la evidencia de sus propios sentimientos. Porque, incluso en el occidente actual, la mayoría de los hombres homosexuales han de superar un proceso**. Empezando por reconocerse a sí mismos como tales, para después ser capaces de expresarlo y compartirlo en sus entornos de referencia. Vivir de acuerdo con ello. Afirmar su posición en, sin duda, muchos momentos más o menos incómodos del día a día.

En mi opinión, el mero hecho de vivir esa realidad les puede hacer conectar mucho mejor con sus propias emociones. El requisito básico para empatizar con el resto de personas -siguiendo el discurso de Ehrmann-.

Por supuesto, eso no convierte necesariamente a los gays en buenas personas. Ni en los modelos “moralmente superiores” que a menudo se representan en la ficción televisiva. Pero creo cualquier hombre gay ha superado una especie de “entrenamiento emocional” que los heterosexuales no se ven obligados a cumplir. Un proceso que tiene un peso específico. Exactamente del mismo modo que tener un título no convierte a alguien en buen profesional, pero demuestra algunas cosas.

De manera que, ¿son más sensibles? ¿O simplemente se han visto obligados a liberarse de las taras que se nos aplican a todos?

No sé. Yo lo veo así.

¿Y vosotros?

******

* En realidad, desde que nacemos, como se ve en este clásico experimento (vía Raultzo):

** Y no me cabe duda de que no todos lo consiguen. Y qué alto debe de ser el precio que estén pagando…

11 comentarios en “¿Son los gays más sensibles?

  1. Muy interesante lo que comentas y para mi desde lo que siento también si es muy acorde a lo que indicas, el condicionamiento desde la infancia, se un hombre de esta manera, se una mujer de esta manera y sus consecuencias a medida que vamos creciendo y la capacidad que nos permitimos nosotros de ser lo que realmente sentimos expresar o nos bloqueamos por esos acuerdos que nos enseñaron y que adoptamos de alguna manera. Yo he observado mucho al hombre lo difícil que le es expresar cariño y no se hasta que punto se de cuenta y esté muy de acuerdo con esos parámetros que se le enseño. También mucho de esto he observado en constelaciones familiares y he aprendido mucho de esto, en fin gracias por compartir un abrazo

    1. Lo de los hombres y la expresión de los sentimientos es de juzgado de guardia. Mi hermano solía decir que cuando cumpliera los 50 se cambiaría de sexo (aunque conforme se acerca la edad lo va postergando, jejeje).

      En realidad, todos somos víctimas de ese comportamiento.

  2. Muy bueno e interesante Toto, de acuerdo totalmente con la primera parte. En cuanto a la segunda, cuando entras en la materia del título, tengo mis reservas. Sirva de ejemplo este: Cuando uno de mis grandes amigos, sino el más grande que me queda, me contó que era gay, me dijo texturalmente “y eso no quiere decir que me vengas ahora contando tus cosas de tía, ni cuando estás con la regla ni nada de eso”. Los dos nos reímos mucho, pero ahí estábamos confirmando toda esa primera parte de tu artículo, jejeje.

    1. Claro, el tema con el ejemplo, Angélica, es que es un ejemplo. Y sin duda hay tantas formas de vivir estas cosas como personas.

      En cualquier caso, tengo la impresión de que ese amigo tuyo es altamente empático, capaz de hablar de sus emociones y que, incluso ese chiste de “no me vengas contando tus cosas de tia”, demuestra una capacidad que el “hombre desvinculado del todo” tendría problemas en mostrar. ;)

      Por cierto que si miras el debate que tuvimos en g+ respecto a esto, verás temas curiosos.

  3. Bueno, también hay que tener en cuenta una cuestión: separar identidad de género de orientación o identidad sexual. O sea, cómo se entiende uno en relación con la masculinidad y sus modelos más o menos convencionales (identificación, legitimación, complicidad, rechazo, ambivalencia, distanciamiento relativo o situacional,… y además según en qué contextos y en qué momento del ciclo vital), y por otro lado cómo se entiende uno respecto a sus relaciones afectivo-sexuales y el tipo de personas que desea-ama. No tienen por qué ser lineales ni coherentes. Esa es una creencia de la cultura más, digamos, hegemónica: un sexo (varón o mujer -sin entrar a cuestionar categorías-) da lugar a un género (expresión y autocomprensión en relación con lo masculino y lo femenino) y ésto a su vez da lugar a la preferencia sexual por personas del otro sexo.
    Y otra cosa: ¿cómo definimos homosexualidad? ¿Por las relaciones sexuales y el tipo de personas con que se relacionan? ¿O es una cuestión de calado identitario, de entenderlo/se como una forma de ser en la que la orientación afectivo-sexual hacia personas del mismo sexo es una parte muy relevante de su identidad, uno de los núcleos desde los que se construye la coherencia y unicidad del sí mismo? ¿Es así para todos siempre (un tipo de preferencias y relaciones da lugar a un proceso de configuración identitaria? Supongo que para una mayoría sí, es así. ¿O es así porque es el “hueco” que se les ha dejado para la construcción de la identidad y la coherencia y legitimidad personal desde lo más convencional? Habría que ver, puede estar relacionado.
    ¿Hay quienes no sienten que eso les defina especialmente y su identidad no se construye en torno a esto de forma fundamental? ¿Es una expectativa respecto de una cultura heterosexual que los homosexuales sean coherentemente personalidades homosexuales con rasgos “tipo”? También hay un fuerte debate sobre las categorías y autodenominaciones bisexual, transexual, transgénero, asexual, entre otras, y las relaciones de poder y dominación/invisibilización desde posiciones convencionalmente “homosexuales” dentro de las comunidades LGTBQ (si es que hay algo así como una comunidad, claro)… Hay también formas muy másculinas en el sentido más tradicional y conservador, de sentirse o vivirse como gay (no necesariamente en torno a valores como la sensibilidad).
    Creo que la relación con lo emocional y la forma como se gestiona y desarrolla en la vida viene muy condicionado con los contextos de interacción, donde, por supuesto, las expectativas respecto a lo masculino y lo femenino, las identificaciones o distanciamientos hacia ello, y sobre todo, la forma como las personas más, más relevantes y significativas para nosotros se vuelven ejemplos vivos para siempre en nostros, todo ello es clave. Evidentemente, lo que dices es un factor muy importante a tener en cuenta, el hecho de saberse de algún modo a contracorriente, diferente, es decir, el hecho de que a priori no se cuente con tu forma de entender la sexualidad, sino que lo que se da por supuesto es otra forma en la que tú no te reconoces, o no completamente, o no de la forma esperada (igual sí te reconoces en el amor romántico, o igual sí en la virilidad fuerte, activa y conquistadora, o igual sí te reconoces en rasgos de la feminidad, más allá de si eres hombre o mujer o de quién desees), claro, todo eso tiene que condicionar tu relación con tu vida, contigo y con los demás. Claro que marca vivir en la casilla de los menos visibles, o los menos importantes, o los “raros”, o los “casi pero no del todo”, etc. Ahora, que a todos marque por igual, y que lo haga en el mismo sentido…
    Por ejemplo, un chico que se siente heterosexual y que se ha socializado durante su infancia y adolescencia de forma muy intensa a través de su estrecha relación con sus hermanas mayores que comparten con él confidencias y emociones (;)), ¿no puede tener un “entrenamiento” en lo emocional diferente a otras personas, de forma que “aprende” lo femenino como algo cercano, próximo, comprensible, importante? Puede que no, pero ya es una vivencia que matizará los modelos ideales de masculinidad con los que se verá confrontado en su vida. ¿Y un chico (como ocurría tradicionalmente en muchas familias) al que en su familia han tratado como alguien privilegiado, que sólo debía enfocarse hacia los estudios o lo profesional, por ejemplo, con todo hecho y puesto en casa, sin que jamás tuviera que preocuparse por nada relativo a que la comida esté preparada o que la ropa esté limpia, o que nada de eso sea preocupación suya, o que los conflictos en casa ni le rocen porque él pertenece a otra dimensión de valor? ¿Qué entrenamiento tiene respecto a preocuparse por el bien y las necesidades de los demás, cuidar a otros, cuando se le ha dado a entender siempre que sus necesidades era las primeras y más importantes? Pues a lo mejor es menos sensible en el sentido que dice tu artículo. Pero su relación con amigos y amigas, con parejas, con enfermos o dependientes, un determinado contexto laboral o profesional, su propia paternidad, ¿no podrían socializarle en necesidades, valores, modelos y relaciones diferentes a las aprendidas antes? Un chico al que se le ha hecho implicarse en el cuidado de su hermana pequeña 12 años menor, y además compartir el cuidado de sus abuelos enfermos, viviendo todos en la misma casa, a la vez que estudia y/o trabaja, igual que sus hermanas, padre y madre, ¿no tendrá un entrenamiento y sensibilidad para percibir y dar valor al estado de los otros, a sus necesidades, que son tan importantes como las suyas? Puede ser, puede que esté más capacitado para “ver” y atender las situaciones de los otros igual que las suyas (son ejemplos muy abstractos, lo sé, habría que concretar).
    Quiero decir que las expectativas y modelos con los que nos confrontamos “be a man”, “man up”, etc. (y todo el conjunto de idealizaciones, creencias, relatos, valores en torno a lo deseable y exigible por ser hombre y por ser mujer -que no es un sistema coherente, a menudo es contradictorio en sus referentes y ejemplos), después están matizados por nuestros contextos de interacción y el peso de los otros significantes, las personas de referencia en tu vida. Y en el caso de las personas que se identifican como homosexuales también será así.
    Y no es fijo, claro, puede variar en el tiempo, porque la identidad puede entenderse como la forma que va tomando la relación conmigo misma y mis relaciones.

    1. Me temo que no me queda otra que comentar entre líneas, Hidromuria. O esto va a ser un locurón de “y respecto a”s. :)

      > Bueno, también hay que tener en cuenta una cuestión: separar identidad de género de orientación o identidad sexual.

      Absolutamente y sí. Yo he intentado acotar, en lo posible, a hombre que sintiéndose hombres, son homosexuales. Un caso bastante habitual, entiendo.

      > O sea, cómo se entiende uno en relación con la masculinidad y sus modelos más o menos convencionales (identificación, legitimación, complicidad, rechazo, ambivalencia, distanciamiento relativo o situacional,… y además según en qué contextos y en qué momento del ciclo vital), y por otro lado cómo se entiende uno respecto a sus relaciones afectivo-sexuales y el tipo de personas que desea-ama. No tienen por qué ser lineales ni coherentes.

      No me cabe duda de que ese es un campo interesantísimo de esta realidad. Si hubiera escrito un apartado de “visión y alcance” de este post, lo hubiese dejado fuera. ;)

      > Esa es una creencia de la cultura más, digamos, hegemónica: un sexo (varón o mujer -sin entrar a cuestionar categorías-) da lugar a un género (expresión y autocomprensión en relación con lo masculino y lo femenino) y ésto a su vez da lugar a la preferencia sexual por personas del otro sexo.
      Y otra cosa: ¿cómo definimos homosexualidad? ¿Por las relaciones sexuales y el tipo de personas con que se relacionan?

      En el contexto en el que hablo, sí.

      > ¿O es una cuestión de calado identitario, de entenderlo/se como una forma de ser en la que la orientación afectivo-sexual hacia personas del mismo sexo es una parte muy relevante de su identidad, uno de los núcleos desde los que se construye la coherencia y unicidad del sí mismo?

      Pues… También, ¿no? Seguro que habrá casos en los que no coincida con la posibilidad anterior. Pero creo que la correlación entre ambas debe de ser proporcionalmente altísima.

      > ¿Es así para todos siempre (un tipo de preferencias y relaciones da lugar a un proceso de configuración identitaria? Supongo que para una mayoría sí, es así. ¿O es así porque es el “hueco” que se les ha dejado para la construcción de la identidad y la coherencia y legitimidad personal desde lo más convencional? Habría que ver, puede estar relacionado.

      Habría que ver. Pero no creo que sea distinto para todos los demás.

      > ¿Hay quienes no sienten que eso les defina especialmente y su identidad no se construye en torno a esto de forma fundamental? ¿Es una expectativa respecto de una cultura heterosexual que los homosexuales sean coherentemente personalidades homosexuales con rasgos “tipo”?

      Sin duda. Pero esto no deja de ser un caso particular de las generalizaciones, ¿no?

      > También hay un fuerte debate sobre las categorías y autodenominaciones bisexual, transexual, transgénero, asexual, entre otras, y las relaciones de poder y dominación/invisibilización desde posiciones convencionalmente “homosexuales” dentro de las comunidades LGTBQ (si es que hay algo así como una comunidad, claro)…

      jajajaj… ¡sí, esa es otra! Pero la comunidad LGTBQ tiene características de comunidad indiscutibles, ¿no? Incluyendo ghettos y outsiders.

      > Hay también formas muy másculinas en el sentido más tradicional y conservador, de sentirse o vivirse como gay (no necesariamente en torno a valores como la sensibilidad).

      De hay la cursiva en el puede de: “el mero hecho de vivir esa realidad les puede hacer conectar mucho mejor con sus propias emociones”.

      > Creo que la relación con lo emocional y la forma como se gestiona y desarrolla en la vida viene muy condicionado con los contextos de interacción, donde, por supuesto, las expectativas respecto a lo masculino y lo femenino, las identificaciones o distanciamientos hacia ello, y sobre todo, la forma como las personas más, más relevantes y significativas para nosotros se vuelven ejemplos vivos para siempre en nostros, todo ello es clave. Evidentemente, lo que dices es un factor muy importante a tener en cuenta, el hecho de saberse de algún modo a contracorriente, diferente, es decir, el hecho de que a priori no se cuente con tu forma de entender la sexualidad, sino que lo que se da por supuesto es otra forma en la que tú no te reconoces, o no completamente, o no de la forma esperada (igual sí te reconoces en el amor romántico, o igual sí en la virilidad fuerte, activa y conquistadora, o igual sí te reconoces en rasgos de la feminidad, más allá de si eres hombre o mujer o de quién desees), claro, todo eso tiene que condicionar tu relación con tu vida, contigo y con los demás. Claro que marca vivir en la casilla de los menos visibles, o los menos importantes, o los “raros”, o los “casi pero no del todo”, etc. Ahora, que a todos marque por igual, y que lo haga en el mismo sentido…

      Y por eso he intentado tener cuidado en dejar abiertas otras posibilidades. Por eso el “puede” en cursiva, por eso la contextualización a “hombres”, “gays”, de la “parte más visible de la comunidad”, etc, etc…

      No, evidentemente no estaba queriendo reducir esto a ecuaciones. A lo sumo marcar una linea de tendencia y su relación con el tópico. Sabiendo que es tópico y línea de tendencia.

      > Por ejemplo, un chico que se siente heterosexual y que se ha socializado durante su infancia y adolescencia de forma muy intensa a través de su estrecha relación con sus hermanas mayores que comparten con él confidencias y emociones (;)), ¿no puede tener un “entrenamiento” en lo emocional diferente a otras personas, de forma que “aprende” lo femenino como algo cercano, próximo, comprensible, importante? Puede que no, pero ya es una vivencia que matizará los modelos ideales de masculinidad con los que se verá confrontado en su vida.

      Yo creo que ese chico debería hacerse una camiseta en la que pusiera “una vez me llamaron modelo emergente de masculinidad”. :DDD

      > ¿Y un chico (como ocurría tradicionalmente en muchas familias) al que en su familia han tratado como alguien privilegiado, que sólo debía enfocarse hacia los estudios o lo profesional, por ejemplo, con todo hecho y puesto en casa, sin que jamás tuviera que preocuparse por nada relativo a que la comida esté preparada o que la ropa esté limpia, o que nada de eso sea preocupación suya, o que los conflictos en casa ni le rocen porque él pertenece a otra dimensión de valor? ¿Qué entrenamiento tiene respecto a preocuparse por el bien y las necesidades de los demás, cuidar a otros, cuando se le ha dado a entender siempre que sus necesidades era las primeras y más importantes? Pues a lo mejor es menos sensible en el sentido que dice tu artículo. Pero su relación con amigos y amigas, con parejas, con enfermos o dependientes, un determinado contexto laboral o profesional, su propia paternidad, ¿no podrían socializarle en necesidades, valores, modelos y relaciones diferentes a las aprendidas antes?

      Absolutamente y sí. Todo forma parte de ese continuo de relación entre el yo y el mundo, ¿no? Esos juegos de acciones y reacciones que se confirman o contradicen y que van configurando y reconfigurando, constantemente, a la persona.

      > Un chico al que se le ha hecho implicarse en el cuidado de su hermana pequeña 12 años menor, y además compartir el cuidado de sus abuelos enfermos, viviendo todos en la misma casa, a la vez que estudia y/o trabaja, igual que sus hermanas, padre y madre, ¿no tendrá un entrenamiento y sensibilidad para percibir y dar valor al estado de los otros, a sus necesidades, que son tan importantes como las suyas? Puede ser, puede que esté más capacitado para “ver” y atender las situaciones de los otros igual que las suyas (son ejemplos muy abstractos, lo sé, habría que concretar).

      Bueno, teniendo en cuenta el post del que partíamos (y que no va a exigir defensa ni revisión por pares ;) ), creo que ejemplifica perfectamente lo que quieres decir. Por supuesto, nunca será tan simple como un “si p entonces q”. Pero es algo fácil de aceptar.

      > Quiero decir que las expectativas y modelos con los que nos confrontamos “be a man”, “man up”, etc. (y todo el conjunto de idealizaciones, creencias, relatos, valores en torno a lo deseable y exigible por ser hombre y por ser mujer -que no es un sistema coherente, a menudo es contradictorio en sus referentes y ejemplos), después están matizados por nuestros contextos de interacción y el peso de los otros significantes, las personas de referencia en tu vida.

      Sin duda. De hecho, te diré que valoré incluir en el post alguna referencia al aprendizaje de lo “tradicionalmente considerado femenino” que el hombre gay puede vivir en su infancia-adolescencia en entornos en los que, a menudo, sus amistades más cercanas son chicas. Seguro que todos conocemos casos de muchachos que no jugaban a fútbol y estaban siempre con las chicas y que, años después, se reconocieron homosexuales. No lo comenté por no meterme en jardines. Porque esa sí que me parece una “trayectoria vital” mucho más específica, menos generalizable, del caso que quería comentar. Y ya sé que este tipo de posts se leen con lupa. ;)

      > Y en el caso de las personas que se identifican como homosexuales también será así.
      Y no es fijo, claro, puede variar en el tiempo, porque la identidad puede entenderse como la forma que va tomando la relación conmigo misma y mis relaciones.

      Muy de acuerdo. Al fin y al cabo, si me aceptas la metáfora, somos como botellas llenas de distintos fluidos, que varían en densidad y propiedades y que, constantemente, forman fase y turbulencia.

  4. Ja, ja, ja, menudo trabajazo te has pegado!!
    De acuerdo con todos tus matices. De todas formas, conste que yo no pretendí hacer una crítica del post, que quede claro. De hecho creo que constato varias veces que tu línea de argumentación a mí también me parece que da en la diana de los factores clave en la explicación de esa realidad social concreta. De hecho tu elección de denominaciones y ejemplos es muy consciente de esas complejidades, y yo he aprovechado que quizás las dabas por conocidas por todos (el tener en cuenta las diferentes dimensiones y diversidades), para nombrarlas y traerlas a colación, ;).
    Creo que, sobre todo, buscaba señalar vetas (que no poner pegas) allá donde mi sensibilidad está ahora más alerta, vamos que te aproveché para ejercitar mi imaginación en la dirección de lo que ahora me anda preocupando. Y sí, soy una pesada bla bla bla bla bla. ja ja ja

    Gracias por las oportunidades de diálogo!!!

    1. Me parece estupendo todo eso que dices. La verdad es que por un momento, no sabía si me estabas rebatiendo algunas cosas o no. Pero eso de “señalar vetas” (que sí, que di por supuestas) es absolutamente pertinente.

      ¡Y mil gracias a ti por tus comentarios! Enriquecen estos posts con un factor multiplicador. ;)

  5. Muy interesante y sobre todo gracias por enseñarme la palabra Alexitimia! (no sé como he podido vivir sin ella hasta ahora jeje). Me gusta como expone Ehrman el tema y el enfoque de tu conclusión acerca de “los gays son más sensibles” pero creo que habría que matizar algunas cosas. Cierto es que en principio, deberían”superar un proceso” y “cuestionarse el marco de referencia” al reconocer y experimentar su sexualidad, pero ello no implica que estimulen o ejerciten su empatía. Es más, la frustración y el desamparo les puede llevar a actuar de forma opuesta, o actuar de la forma que se supone se espera de ellos. Cuando comentas lo de “la parte visible de la comunidad gay”, comentas lo de “seres superiores moralmente” pero en realidad lo que se suele mostrar son los estereotipos de la comunidad gay. Adictos a la moda, hablar en femenino, tener una líbido insaciable,el activo es un hombre, el pasivo es una locaza, etc…
    Personalmente no creo que los gays sean más sensibles, simplemente, como bien has dicho, al romper con las normas de la sociedad no tienen miedo (o tienen menos) a mostrar esos sentimientos que poseemos todos. (hetero,bi,homo,trans, y asexuales tb jeje). No creo que el desarrollo de la empatía sea cuestión de sexualidad, si no más bien de un proceso de aprendizaje y evolución personal.¿Qué opinas?

    1. Me alegra de que te hay a gustado, AlicanteHighlights. La verdad es que la palabra “alexitimia” es estupenda. Yo, desde hacía un tiempo, usaba “afasia verbal” para decir eso, pero después de leerme ambos artículos de la wiki, creo que a de Ehrmann es mucho más adecuada. ;)

      Efectivamente, estoy muy de acuerdo con tu frase final. Eso de que “el desarrollo de la empatía es un prroceso de aprendizaje y evolución personal” (aunque, por lo visto existen evidencias de niños que demuestran una “superdotación” en eso desde edades muy tempranas). De hecho, es parte central del razonamiento que intento presentar.

      Ahora, tampoco pretendía transmitir que _forzosamente_ ese proceso condujera a una mayor empatía. De ahí la cursiva cuando digo lo de “vivir esa realidad les _puede_ hacer conectar mucho mejor con sus propias emociones” y la nota al pie de los riesgos de los que no lo consiguen. Quizá tendría que haber sido más explícito, pero no quería dar a entender que sea un camino exento de riesgos.

      En cuanto a los estereotipos de la comunidad gay (diversos, variados, a menudo contradictorios) me llamó mucho la atención una cosa que surgió en los comentarios de este post en G+:

      Un muchacho comentaba como sus amigos de toda la vida podían entender que amara a un hombre, pero no le hubieran “perdonado” que tuviera pluma. Sin duda es una cuestión complejísima. Probablemente relacionada con sentimientos de pertenencia y aceptación a unos grupos de referencia u otros.

      Muchas gracias por tu comentario!

      1. El tema de la pluma ya es harina de otro costal. Y el tema queer y transgenero. Están relacionados en cuanto a ser considerados como “desviaciones” pero históricamente hablando siempre ha existido y no siempre ha sido mal considerada. Al igual que la mujer inteligente, la etnia negra y en general todo lo que no entrara en los “designios de la iglesia”. Da para un libro o dos jeje.

        Un saludo :D

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