Prestigio ciego

Cuando estaba en el instituto, un 14 de febrero aparecieron varias hojas misteriosas en los pupitres de la gente. Todas con el mismo texto. Lo rescaté. Era éste:

Si alguien me hubiera dicho

 Si alguna vez pudieras
haberme dicho lo que no dijiste.
En esta noche casi perfecta, junto a la bóveda,
en esta noche fresca de verano.
Cuando la luna ha ardido;
quemóse la cuadriga; se hundió el astro.
Y en el cielo nocturno, cuajado de livideces huecas,
no hay sino dolor,
pues hay memoria, y soledad, y el olvido.
Y hasta las hojas reflejadas caen. Se caen, y duran. Viven.

A mis dieciséis, habiendo escrito ya unos cinco poemas y leído -por lo menos- cuatro libros, reconozco que cogí el poema con ganas de descuartizar el texto. Pensé que lo habría escrito algún compañero de clase y que sería malo. La primera vez no vi muy bien por dónde pegarle. Lo volví a leer. Me gustaba la mierda esa de la bóveda. A la tercera, ¡vaya frase, carajo! “no hay sino dolor, pues hay memoria“. Con un poco de vergüenza tuve que admitir, cuando me preguntaron, que el que había escrito eso algo sabía.

Resultó ser de Vicente Aleixandre.  Más vale que no se me ocurrió ponerme bravucón contra el texto …pensé entonces.

Hace pocos días, una amiga me envía por correo un pequeño relato, casi prosa poética y me pide su opinión. Lo leo dos o tres veces y, pese a algunos méritos incuestionables, llego a la conclusión de que no me gusta. Como es corto, lo critico a la manera de los talleres. Voy por los párrafos. Éxito en verde, comentario en azul, fallo en rojo. Todo ello, por supuesto, desde mi criterio personal. Hay mucho de cada uno de los colores. Pero incluyo sin demasiados reparos expresiones como “¡¡¡Catástrofe!!!” o “Fail total“.

Mi amiga me contesta sorprendidísima. ¡Que es de Eduardo Galeano!

Yo repaso el texto, vuelvo a mirar, a ver si me he dejado cosas y… qué le voy a hacer. O me estoy dejando algo muy gordo, o me falta el contexto de esa historia, o alguna clave de lectura …o no me vale. Sinceramente, creo que hay méritos, sí, pero también errores de principiante.

El señor Galeano es un escritor de reconocimiento internacional. Le he leído cosas que me han aportado (incluyendo el texto en cuestión) y sé que lo valora gente inteligente, sensible y leída.  Yo, soy un mindundi. Pero considero que tengo razones de peso para decir que ese texto falla. Y ya está. Y no me callo.

Ese efecto halo que tienen los nombres no surte ningún efecto cuando uno se enfrenta a las palabras desnudas.

Arrancar las tapas de los libros. Atribuir cualquier obra a cualquier autor.  Pensar que todo lo ha escrito nuestro vecino del quinto. O que Pierre Menard mejoró el Quijote.

Quién sabe. Quizá sea un ejercicio a realizar de cuando en cuando…

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