Consenso

Hace unas semanas, en uno de estos grupos literarios a los que pertenezco, surgió un debate que me ha dado que pensar. Bueno, mejor debería decir que lo que me dio que pensar fue el hecho de que no surgiera un debate.

Alguien dijo algo parecido a esto: “Porque prefiero vender 50.000 copias de un libro en vida que ser un genio al que sólo se le reconoce después de muerto”. Y todo el mundo asintió.

Yo mismo, de hecho, tampoco argumenté en contra. Porque, la verdad, no supe ver a tiempo hasta donde compartía y hasta donde me oponía.

Es curioso, porque estoy seguro de que casi todos los presentes se habrían escandalizado ante estas declaraciones del candidato al oscar por mejor guión Sylvester Stallone (os juro que no es coña) cuando le preguntaron al respecto en una entrevista del New York Times (la traducción es mía):

“Me quedo atónito con la gente a la que le cuesta 18 años escribir algo. Eso es lo que le costó al tío que escribió ‘Madame Bovary’. ¿Y estuvo alguna vez en la lista de best-sellers? No. Era un libro malo con el que se hizo una mala película”.

Supongo que parte del rechazo que me produce la memez de Sly viene del desprecio que muestra hacia lo que no entiende. Pero el caso es que su razonamiento, preferir una obra que generó más dinero y optó a un óscar antes que una obra inmortal tiene bastante que ver con lo que decían mis amigos. ¿No?

Y así, dándole unas cuantas vueltas, he llegado a una conclusión. Yo prefiero ser como “ese tío” que se toma 18 años en escribir una novela. Y, de hecho, casi diría prefiero que la fama me llegue después de muerto -ser un clásico en vida tiene que ser de lo más cansino-. Porque sí, estoy de acuerdo en lo que creo que es el fondo de lo que decían mis compañeros. En eso de que al final, la experiencia vital de uno, -dicho en fácil, el ser feliz- puede ser lo que más nos importe. Y es mejor poder disfrutar de ello a que lo hagan nuestros herederos.

Pero en un caso como el mío, en el que se escribe por placer, con todas las necesidades básicas (y bastante más que eso) bien cubiertas, con una vida satisfactoria… ¿me haría más feliz vender 50.000 copias de un libro? Me alimentaría el ego, y tal vez cambiara mi orientación profesional, que está muy lejos, actualmente, de la literatura.

Pero que tus textos perduren. Que haya personas en futuros remotos que los lean y sientan la gratitud que uno siente al leer a los maestros. Realizar una aportación tan valiosa a la vida.

…joder, Esaú, ¿de verdad cambiarías eso por 50.000 cochinas copias?

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10 comentarios en “Consenso

  1. No sé qué tipo de ego tienes; el mío es de esos que le gusta comer algo de vez en cuando. Por ahora nos conformamos con publicar y tener un puñado de lectores que no sean familiares, amigos y colegas de tertulia, no?

  2. A mí lo que me pasa es que en cuanto alguien me dice que me ha
    leído algo y le ha gustado, en seguida me hago su amigo! Me temo que en la vida tendré un puñado de lectores de esos. ;)

  3. Totalmente de acuerdo contigo, Luis. Estoy hasta los ovarios de que las leyes de mercado parezcan las únicas válidas para valorar una obra, y que encima se utilicen para menospreciar el trabajo de personas que se lo toman en serio aunque no triunfen. Supongo que ni venderé 50.000 copias de nada ni pasaré a la posteridad por mi calidad literaria pero al menos puedo firmar con la conciencia tranquila. ¿Que gusto?, bien; ¿que no gusto?, pues también. Como la vida misma. Uno encuentra amigos, lectores, compañeros, críticos, amores, cada uno sabrá con qué estrategias y con qué fines. Yo desde luego prefiero Madame Bovary que una peli de Stallone, para gustos los colores.

    1. Y no solo las leyes de mercado. En otros sitios, supuestamente más elevados, se lleva el cuántos premios has ganado (y cuales).

      Yo, la verdad -y sin dejar de presentarme a concursos- creo que no es más que la búsqueda del estatus.

      Una lástima, con lo bonito que podría ser esto tal y como tú lo dices.

  4. No recuerdo la conversación (o falta de), la verdad, pero no creo que haya nadie que se junte un día de cada quince después de estar currando ocho horas (algunos más, otros menos) para decir que lo que quiere es “vender”. De hecho creo que los que estábamos sentados ese día consideramos que la escritura es un lujo que nos podemos permitir. Sí, un lujo al que accedemos porque tenemos muchas necesidades cubiertas, un lujo que nos permite disfrutar de la vida desde otra perspectiva, un lujo que nos acerca a gente, que nos hace discutir, tomar una cerveza o incluso reír. La próxima vez estaré más atenta a las conversaciones del grupo, te lo prometo…

    1. Está claro que no, Ma. No estáis ahí por haceros ricos y lo que os interesa de verdad es la literatura. Mis disculpas, porque la verdad es que no salís todo lo guapos que realmente sois en la foto que he hecho arriba. ;)

      Yo entendí ese comentario como un “prefiero saborear en vida un éxito menor, que escribir una obra maestra y no enterarme”.

      Y me parece muy natural. Y muy sano, por cierto. Porque al final, puede preguntarse uno, ¿y de qué me sirve si no lo sé?

      Para mí, está claro. Sería mi aportación. Aunque no lo sepa. Que, ya digo, igual hasta prefiero no saberlo nunca que saberlo demasiado pronto. Que se queden los herederos con la pasta y la fama. El regalo de verdad sería para los lectores que lo aprecien.

      Y ya está, así de fácil todo. ;)

    1. Hombre, someone, está claro que entre el comentario y lo misterioso de tu IP (que puede ser perfectamente un error) has despertado mi curiosidad y eso es un comienzo.

      Ya me localizarás, si quieres.

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