Un infiltrado en clase de música

En un curso José Sanchis Sinisterra nos dijo que, si queríamos escribir, teníamos que leer absolutamente de todo. Literatura, desde luego. Pero también sociología, iluminación, medicina, lingüística, psicología, física de partículas, historia… Y creo que no decía ninguna tontería. Así es como se favorece el pensamiento lateral y se hace más posible realizar aportaciones nuevas, más allá de los caminos trillados y las escenas comunes. (Espera… mejor…  ¿caminos comunes y escenas trilladas? ;) )

Y, últimamente, me ha coincidido el leer cosillas sobre música.

Vaya por delante que es un tema sobre el que no tengo ni idea. Ninguna educación formal, vaya. Estoy muy interesado en la música que me interesa -como tanta gente- pero eso es todo. Sin embargo, al leer textos de músicos para músicos, me doy cuenta de que hablan sobre creatividad, sobre improvisación y práctica, sobre lenguajes, sobre aprendizaje… En definitiva, y como no podía ser de otra manera, sobre los mismos temas que me importan para escribir.

La música, creo, -y sin querer hacer de menos a otras disciplinas- tiene la peculiaridad de prestarse mucho más a un estudio “formal” a lo largo de los siglos y el ancho de las culturas. Un análisis incluso matemático y físico, pero que no ha perdido de vista ni un segundo su objetivo último: la expresión.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/jef_safi/2271196858/">jef safi \ 'pictosophizing</a> via <a href="http://photopin.com">photo pin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/">cc</a>el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara 
(Arte Poética – J.L. Borges)


¿Y qué cosas me he encontrado? Pues, leído en clave creativa -para mí, 
especialmente en poesía-, quería compartiros las siguientes ideas:

    • La música es un lenguaje. La idea no es nada nueva, claro, pero es estupendo como lo define Hal Crook (hablando de su propia pronunciación, incluso) en la Introducción de su libro sobre jazz: Ready, Aim, Improvise. El tema, luego, es otro: la importancia de estudiar la tradición antes de hacer innovación. Me gusta especialmente que se oponga a entender los diferentes estilos (moderno frente a tradicional, acústico frente a eléctrico, etc) como dualidades enfrentadas. Son complementarios. Se necesitan. No tiene sentido defender sólo algunos y atacar al resto. Asumiéndolo como él, como lenguajes, no puedo evitar recordar aquello de Irazoki (lo mejor de su cara es la lechuza): “quien ama un idioma ama todos los idiomas“.
    • Que existe una relación entre la “complejidad” que estamos dispuestos a admitir en una obra y lo que nos gusta. Necesitamos un cierto equilibrio entre “consonancia y disonancia”. La consonancia nos gusta porque nos ayuda a sentirnos cómodos, seguros, que entendemos. Pero, en exceso, se hace repetitiva, aburre. La disonancia nos gusta porque nos sorprende pero, en exceso, nos hace ajenos, nos expulsa. Esa es, al menos, una de las variables que influyen en lo que apreciamos. Y la relación es como una curva en  forma de “Λ” entre lo “compleja” que le resulta a un particular individuo una música y el grado de disfrute. La teoría debe de ser de un tal Daniel Levitin, pero está estupendamente resumida en este post: ¿Por qué  nos gusta la música que nos gusta?
    • Tal vez por esa relación se explica que la música se parece cada vez más a sí misma, cosa que han demostrado científicos del CSIC. Me hace pensar en la creación masiva de “productos basura” de fácil deglución y fuerte componente adictiva (y esto vale tanto para comida como para ocio de consumo). Es un intento de bajar los estándares. Facilitar la componente de “consonancia” que comentaba antes para llegar a más gente. Así hay más mercado, menos educado, mejor consumidor. Mejor no educar, mejor uniformizar. Así es más fácil acertar con la fórmula del éxito y hay un mayor retorno de inversión. Nada que no sospecháramos ya, ¿verdad? 
    • “Sólo porque no seas baterista no significa que no debas llevar el ritmo”. “Debe de ser de noche, de lo contrario, ¿para qué necesitas las luces?” “No lo toques todo, deja algunas cosas pasar”. “Una nota puede ser tan pequeña como una chincheta o tan grande como el mundo. Todo depende de tu imaginación“. “Un genio es el que más se parece a sí mismo”. Son algunas de las perlas que un enfadadísimo Thelonius Monk le escribió a un saxofonista Steve Lacy. Verdades como puñaladas de las que podemos aprender…
    • La práctica no lo hace perfecto, lo hace permanente“. Y por eso es importante saber cómo ensayar. Porque el ensayo no debe ser la repetición, sino la búsqueda. No hace falta dedicar muchas horas, sino definir objetivos concretos e ir variando, probando, alternando hasta encontrar aquello que queremos utilizar exactamente. Me recuerda a aquel otro libro (Your brain: The missing Manual) cuando decía que: nos hacemos buenos en aquello que hacemos. Hagámonos buenos en aprender, no en repetir. Lleva menos tiempo, y el resultado es mucho más efectivo.
    • No intento simplemente tocar lo que él me trae. Intento crear un espacio, buscar un ángulo o ir en contradirección. Es la manera de hacer una presión, de crear una dinámica con la que ir hacia la siguiente parte. Es algo confuso a veces…” Dice con una sencillez casi insultante el bueno de Danny Careyel baterista de Tool. Está claro que en esa banda hasta el más tonto hace relojes …nucleares. En mi opinión, es exactamente el enfoque que suele hacer falta en los trabajos colaborativos. Pero cuidado, a menudo también entre los diferentes códigos que se emplean en cualquier obra creativa. Dominar esas tensiones es la clave.

Hay mucho que aprender de los vecinos, está claro.

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  1. Una síntesis estupenda.
    Respecto al informe que apareció el otro día del CSIC, yo no lo entendí como que la música se parece más a sí misma, sino que los recursos que se usan en la música son cada vez mas restringidos. Efectivamente es como comentas, pero la música como producto de masas no es la música en sí misma. Las radiofórmulas y el marketing han dado con un producto de consumo, como con las pelis por ejemplo, pero eso no significa que esa sea la música y en sí misma se esté simplificando por decirlo de alguna manera. Una fórmula de éxito se convierte en un patrón que se repite para seguir obteniendo beneficios del producto. El arte como mercancía.
    Pero hay muchos tipos de música, y sigue habiendo evolución en las tendencias ya establecidas y nuevas tendencias. La música es un sistema vivo, reside en la creatividad de los compositores y en la percepción de los oyentes. Y eso es tan infinito y dinámico como los agentes implicados. Irreductible.
    Saludos

    • Totalmente de acuerdo, filotecnóloga. Probablemente tendría que haber especificado mejor que me estaba refiriendo a las radiofórmulas y productos de masas.

      Afortunadamente, al mismo tiempo que existen esos productos masivos, muchísima gente lo utiliza como recurso expresivo genuino y auténtico. Y el conocimiento, sin duda, también aumenta. Y hay progreso y hay muchas puntas de muchas lanzas abriéndose camino en incontables direcciones.

      Y muy acertada tu expresión: irreductible.

      Por cierto, me estoy dando una vuelta por tu -magnífica- página. Ahora ya te sigo oficialmente. ;)

  2. Pingback: Un talento de uno entre un millón « El lento ahora

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